domingo, 18 de agosto de 2013

Cómo sobrevivir a la crisis: ¿Tarea im-posible?



De todos es bien sabido que la crisis está golpeando a las economías domésticas tanto como a la macroeconomía, pero… ¿Qué podemos hacer para esquivar y dar coletazos a una Crisis que nos absorbe y condena a la pobreza y pérdida de valores sociales sin contemplación? 
La respuesta a esta cuestión está en nuestros abuelos y abuelas, en nuestros zapateros y costureros. ¿Por qué? Es sencillo. 
En tiempos de abundancia y la utopía de una economía expansiva, si perdíamos un botón de la chaqueta de cuadros la tirábamos al contenedor más próximo, reconociendo que era más cómodo andar de tienda en tienda buscando un sustituto nuevo que ir a la mercería del barrio y comprar, por céntimos, un botón más o menos parecido al ausente. ¿Ahora qué debemos hacer si se nos rompe la cremallera del pantalón del trabajo? Acudir a la esquina, a esa mujer que se parece a nuestra abuela con su taller de costura y pedir un cambio de cremallera.
¿Recuerdan aquellos momentos en que los padres felices sacaban a sus hijos a comer hamburguesa y helado al centro de la ciudad? Seguro que al pensarlo sonreímos y movemos la cabeza en gesto de aceptación. Bien, pues ahora lo más recomendable es sacar a los hijos con el tupper a cuestas en el que llevamos pan, salchichas y algún Osito Lulu con zumo de caja de una marca blanca. Es mejor esto ahora que nos han subido el IVA al 21% de cualquier chuche, gominola o coca-cola.
Y por último, igual de sencillo y antiguo, "hágalo usted mismo", es decir, ¿Se rompe la tubería principal de su casa? No llame al fontanero, busque en internet o en la enciclopedia y vuélvase manitas particular y tape la rotura con Super Glue. ¿Se le rompe la lavadora? Lave a mano, así recordará gratamente los viejos lavaderos de ropa con cepillo en manos arrugadas por el agua.
En resumen, ¿No sabe cómo ahorrar unos cuantos euros necesarios para sobrevivir hasta el mes siguiente? Olvídese de las caras y nuevas tecnologías, olvídese de internet everywhere, de tirar la ropa vieja, los zapatos rotos e, incluso, de cortarse el pelo, hágase un auténtico artesano o artesana, todo natural, bajo en excesos y elaborado a mano y con madera de la buena; le saldrá más gratificante que donar su fuerza y vitalidad a un trabajo o a un Estado que se olvida de que sin usted no puede salir de la nombrada crisis.

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