miércoles, 25 de diciembre de 2013

Agitación como el Alka-Seltzer.


Tan vacío como las botellas de alcohol el 1 de enero fue el mensaje que un Rey que parece ajeno a la realidad que vive su pueblo moribundo de esperanzas, fe y hambre nos regaló hace unas horas.
Palabras puestas al azar, con el mismo orden y concierto que utilizo para demostrar que las palabras tienen igual poder para construir que para demoler torres de humo disfrazadas de plenitud.
Ya no es cuestión de no creer en la política, en la ausencia de ética o la abundancia de corrupción de quienes mueven los hilos y nos mantienen en jaque y a punto del  suicidio; la cuestión se tambalea entre tú y yo, un rato eres tú la persona culpable y al otro rato la culpa es sólo mía. Somos solidarios/as por naturaleza, para la permanencia de la raza humana y por ello compartimos la culpa de la ineptitud.
A lo largo de los años hemos venido recabando información, datos, cifras, y hechos de lo que tenemos, somos y practicamos, de lo único que conservamos fehaciente prueba es de la preeminencia del amor: amor propio, amor familiar, amor fraternal y amor pasional. Por amor morimos, enloquecemos, matamos, sufrimos, lloramos, volamos y reímos a carcajadas. Sólo por amor levantamos muros y asolamos infiernos. Por amor escribimos y gritamos que la libertad es una realidad y no las leyes que remarcan el infortunio de las mujeres obligadas a ser madres en contra de su voluntad. ¿Qué mañana le espera a un niño o una niña que se ve inexcusablemente forzado/a a venir a un mundo con cada vez menos futuro?. Es como darle carne a una persona que no tiene dientes, igual de macabro y perverso.
Nos pintaron pajaritos en el aire y lo peor es que intentamos darles de comer.
Hagámonos libres por amor, por odio, por cobardía, por no dejar o por puro orgullo. Por el motivo que sea, pero libres.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Ceguera blanca.

Somos prisioneros/as. Estamos presos en medio del mal y del bien. Nos ponemos los grilletes a voluntad propia dejándonos al margen de nuestras propias decisiones, dejamos que otros/as decidan por nosotros/as, que apuesten por nosotros/as en la Ruleta para después perder nuestra dignidad, derechos, libertad, medicinas, educación, capacidad de decisión, fe y ganar otras cositas como apatía, pereza, desesperanza, rabia o indiferencia.
No supimos jugar nuestras cartas eligiendo a quien decide por nosotros/as, escogimos mal a nuestros/as representantes y como si fueran los/as dueños/as y señores/as de nuestra voluntad, venden y trafican con nuestro presente y nuestro futuro y porque el pasado no se puede cambiar… Que si no, también nos lo dibujaban diferente cambiando los titulares de las noticias que no les conviniera, como en 1984 de Orwell. En realidad no estamos tan lejos de tener “policías del pensamiento” que controlen nuestras ideas referidas al gobierno, a nuestros líderes y lideresas o, en la época actual, que censuren nuestros hashtag y impidan que nos manifestemos o hagamos fotos a la policía. ¿Impensable y locura sin medida, verdad?.
Estamos prisioneros/as en Azkaban y perdemos nuestras ilusiones, sueños y deseos al tirar de la cadena del WC. Abandonamos nuestra voluntad a su propia suerte dejándola huérfana y no nos da pena, no sentimos lástima de nosotros/as mismos/as al vernos vagar errantes por un suelo lleno de basura y mentiras, no salimos a la calle a limpiarlo; nos ponemos las botas de plástico para caminar más cómodamente en medio del fango. ¿Salir con una escoba y un recogedor para reciclar toda la porquería que recubre nuestro camino? ¡No, por Dios!.
Vivimos en nuestra propia cárcel, palpamos los fríos barrotes y gustamos el olor agrio de la orina acumulada y reseca, pero tenemos diagnosticado un síndrome de Estocolmo grave y crónico que nos impide coger la llave puesta deliberadamente a nuestro alcance.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Frenesí

Abrir los ojos y contemplar el sabor dulzón de los sueños cumplidos y los deseos satisfechos recogidos en sonrisas permanentes imposibles de desvanecer por el escandaloso e impertinente sol. Buscas pero no encuentras más recuerdos que los que se esculpen en la piel a golpe de besos como si de “Los amantes” de Rodin fuéramos discípulos; caricias nacidas de la concepción de la vida y el placer, de las ansias y las respiraciones entrecortadas que atraviesan el aire denso y brumoso, resultado de la ausencia de visión, fruto del enajenamiento de la consciencia y la conquista de poder del “yo”.
Texturas y movimientos ligeros que ralentizan la muerte y la ridiculizan obligándola a abandonar la neblina que recubre los cuerpos básicos y despojados de vocablos sustituidos por promesas que ascienden al techo como si de una señal de humo de reproche al tiempo y al espacio se tratara. Miradas que desarman voluntades incapacitadas para reaccionar ante tan absoluta belleza esparcida por el suelo, generosa y bondadosa, dotada de infinitos y presa de la pasión desbocada y sin jinete que se escapa de las pupilas encendidas por la luna con la sonrisa plagada de posibilidades.
Ni la muerte ni el tiempo juegan en esta partida de ajedrez que ya tiene los movimientos pactados por los hilos del destino que mira desde lejos sabiendo cuál es el desenlace, un final como los que sólo puede suceder en el cine.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Vaho

Coleccionamos sentimientos y situaciones que siempre serán nuestra tarea pendiente, como ese trabajo de fin de grado que sabemos que no vamos a presentar aunque nos cueste 4 largos años de carrera; tenemos y tendremos tendencias, gustos y placeres inconfesables que sólo gritamos en nuestro fuero interno y perpetramos en la soledad; somos mapas indescifrables y tatuajes incomprensibles en un terreno que rechaza nuestra tinta pero que en el que luchamos a toda costa para que el agua no disuelva; somos miedos, rumores, privilegios inmerecidos y karma buscado y bien pagado; somos esos copos de nieve que caen a destiempo y somos la mejor de las coincidencias o fruto del destino. Somos y seremos miles de sonrisas compactas en un CD marcado con las miles de lágrimas que también conforman nuestra B.S.O. Fuimos, somos y seremos…
Vale, hasta aquí.
Sabemos lo que somos, somos lo que queremos (o lo intentamos); fuimos en un pasado imborrable y fijo, marco de fotografía a blanco y negro con contexto capaz de devaluar nuestro presente haciéndolo intangible o por lo menos otorgando la seguridad de lo conocido, restando la sorpresa de los finales ya pactados por los errores y triunfos de nuestros mejores éxitos, como una compilación de los número 1 de los 40 Principales.
Qué inseguridad nos da no conocer, no planificar, ni ser conscientes de los pros y contras del futuro que tenemos a la vuelta de un “hasta mañana”; nos jugamos la vida en cada pestañeo, en cada escalera y en cada ducha. ¿Si muero mañana, me sentiré orgullosa/o de lo que hicimos hasta esta noche?. La vida se escapa de los pulmones mientras exhalamos la indignación pasiva de quienes dejamos que otros/as decidan por nosotros/as y que juegan en la Liga Mayor sin pasarnos el balón, como a los/as niños/as taciturnos/as y callados/as del final de la clase; se nos evapora mientras escuchamos en modo repetir nuestros “hits” para bailarlos al son de la coreografía de siempre, añeja y pasada de moda; cedemos nuestra custodia del mañana a la élite política que excarcela a violadores, terroristas y criminales (mientras les pagamos una pensión por desempleo, porque… Pobres! ¿Cómo si no van a continuar sus vidas felices y contentos/as?), que votan las nuevas pésimas reformas educativas sabiendo de antemano que van a ganar por mayoría… Ya ni los puntos suspensivos son capaces de recoger la ingente cantidad de basura que dejamos generar para el próximo fin de semana sin tener en cuenta que el hedor tapará nuestras fosas nasales y nos será imposible volver a cantar nuestro cómodo pasado. 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Saber es altamente peligroso.

Una y otra vez miramos al cielo en busca de una respuesta que venga envuelta en el suspiro que lanzamos a las nubes y que no nos devuelven más que una mirada de desidia e insignificancia. Una y otra vez buscamos respuestas en nuestra voz interior; buscamos salidas y soluciones a interrogantes que nos conmueven y escandalizan, que nos dejan en estado de hiperventilación e incredulidad. Buscamos una excusa mínimamente comprensible que nos enseñe el origen de tanta distopía.
Interpretamos mal las instrucciones de uso de la vida, se nos olvidó leer la letra pequeña y  aceptamos un contrato tácito basado en la ignorancia y la necesidad de quien debe recibir una dosis efectiva de instinto de supervivencia, pero sin que llegue a ser tóxica o letal, no vaya a ser que decidamos vivir a plenitud y con ganas y derroquemos a nuestros/as narcotraficantes de sus podios de control y poder.
Tenemos miedo a una sobredosis de Vida, de valentía y de revolución. Tenemos miedo, miedo a las guerras sin armas, miedo a los coches bomba, a los robos con arma blanca y a la burundanga; tenemos miedo a salir de nuestras casas a comernos el mundo a bocados. Tenemos miedo a encontrar las respuestas y que éstas denoten que no hay más culpables que nosotros/as mismos/as, que nuestra pusilanimidad y nuestra dejadez. Porque y ¿si las nubes a las que suspiramos buscando saber por qué nos cobrarán multas por manifestarnos, por qué cobrarán multas a las personas sin techo que pidan limosna o por qué la élite política roba y no va a la cárcel, arrojan que la culpa es nuestra por no luchar por nuestro Estado y nuestros derechos, qué haremos? ¿A dónde miraremos si obtenemos que las respuestas a nuestros porqués somos nosotros/as mismos/as? Tenemos miedo a saber la verdad, miedo a conocer, miedo a no ser ignorante, a saber que tenemos que recuperar lo que se nos ha quitado y nos da pereza empezar.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

No habrá cielo para los malvados.

Considerando que uno de los tantos temas en boga de la actualidad, a parte de la corrupción, los vicios, los papeles de Bárcenas (como si fuera un artista), los expresidentes que dicen que morirán en 6 meses y los juzgados que absuelven a diestro y siniestro sin orden ni concierto; nos topamos con un gravísimo problema usado de tapadera como si fuera de quita y pon, el vital Medio Ambiente.
Al pobre Medio Ambiente lo tenemos en medio, como los miércoles, atravesados; lo palpamos, lo olemos, lo disfrutamos y, como agradecimiento, lo matamos.
Supongo que forma parte de nuestra condición humana, “morder la mano que nos da de comer” o “matar la gallina de los huevos de oro”… Todo tipo de refranes que pongan de manifiesto la estupidez de la raza humana convertida en masa por sus propios y egoístas deseos de acumular bienes, riqueza o poder.
Desde el eslabón más alto de la cadena trófica nos endiñan el marrón de reciclar y, de esta manera, nos mantienen entretenidos/as discutiendo si una lata de Coca-cola va en el cubo azul o en el amarillo mientras el ente llamado Estado compra, vende y especula con la cuota de contaminación; ponen a los/as “peques” a jugar en tanto que los mayores se beben la cerveza.
¿Qué nos hará falta para caer en la cuenta de que estaremos llenos/as de “juguetes” electrónicos, dinero o viajes al espacio pero que no podremos salir a la calle sin una mascarilla que nos permita respirar?, ¿Nos cuesta comprender que de nada nos servirá el ansiado verano porque nos quemará la piel con la misma contemplación con la que nosotros/as cuidamos la capa de ozono?
Disfrutemos de la lluvia mientras no sufra la inexorable transformación en la reina de todos los infiernos, la implacable Lluvia ácida y, que con ella, traiga todo su desdén y venganza.


viernes, 8 de noviembre de 2013

Presuntuoso “nosotros/as”.

Hoy, por enésima vez, fui consciente del problema generacional que vive España. Fui y soy consciente de que nuestros/as abuelos/as se multiplican a cada segundo, de que estamos teniendo problemas con las pensiones, con las personas sin techo, con el desempleo si llegas a la cincuentena… Hoy, un abuelo me cogió de la mano a la salida de una boca de metro y con mirada suplicante me pedía algo de comer, tenía los ojos empañados en unas lágrimas ya sin fuerzas para convertirse en agua rodando por sus mejillas, unos ojos cristalizados por los múltiples inviernos sin un abrazo cálido; el anciano me decía que llevaba 3 días sin comer y que tenía dolor de tripa; tenía las manos agarrotadas por una ausencia de dignidad tan dilatada por los desprecios que poco le importaba ya si yo le respondía con una bofetada o con un trozo de pan…
Desconozco la escala de valor de cada ser humano en el terreno de la generosidad, la empatía o la misericordia (sé que el significado de la última palabra escasea en el vocabulario coloquial) pero fui incapaz de decirle al hombre que tenía prisa, que no tenía dinero, que me soltara… A cambio, me senté con él en una banca y me contó su historia mientras compartíamos unas patatas fritas (soy estudiante, no tenía presupuesto para más). Me di cuenta de que no es sólo culpa de los/as políticos/as avariciosos/as, los/as empresarios/as egoístas o el Estado que vela por la seguridad de la masa y no del individuo; está en la calle por culpa de unos/as hijos/as ingratos/as, codiciosos/as y unos/as nietos/as desconocedores de la suerte de su abuelo.
Entonces comprendí que la desgracia humana, en un pequeño porcentaje, depende de agentes externos o ajenos a nosotros/as mismos/as que la destrucción de la raza humana dotada de valores está, en realidad, en nuestro interior, en nuestros pensamientos, en nuestros sentimientos expresados en miradas por encima del hombro, en gestos de desdén y poco tacto, somos incapaces de mirar a los ojos a la gente que, en nuestro equivocado prejuicio, está por debajo de nosotros/as; nuestro fin no está en la educación y la sanidad privada, está en la pérdida de la fe, de la meta única del ser humano pactada en algo tan sencillo como ser feliz y moldear la realidad a nuestro antojo siempre planteada como un bienestar palpable.

Perdimos el norte, se rompió nuestro GPS y no nos damos cuenta de que vagamos presos de la inconsciencia, de la enajenación del “yo” y del “tú” decorado con un falso “nosotros/as”.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Lo único que nos queda.

Ya nos hablaban Shakespeare y Calderón de la Barca de un algo llamado “Sueños”. Tenemos sueños de caramelo, de gominolas o de ilusión; estamos donde estamos por perseguirlos o por abandonarlos. Nos podemos resumir, a grandes rasgos, en sueños y pasiones.
Nos convertimos en animales por la pasión y en valientes por nuestros sueños, nos levantamos cada mañana para rodar por el césped de los ideales y tropezar hasta con nuestros propios cordones. No hay nada más fácil que caer, pero incluso para caer hay que tener arte, que si no, nos rompemos los huesos. Sin embargo, como seres humanos que somos, preferimos caer por nuestro propio pie a dejar que nos tiren al suelo; entonces, si poseemos tal orgullo y nos es sencillo envalentonarnos, ¿Por qué nos quedamos quietos esperando a que corten nuestros sueños como si fueran Jason de Viernes 13?.
Cuando nos lo han quitado casi todo, ¿qué más podemos perder? Nuestra capacidad de soñar, de reír, de besar, de amar y, sobre todo, de perdonar no le pertenece a nadie sino a nosotros/as mismos/as.
Que se queden con el dinero, con las pensiones, con las leyes, con las mentiras, con las medicinas, con las fachadas, los engaños y con las fronteras; pero jamás con ese cosquilleo en el estómago al escuchar la canción que nos hace cantar hasta hacer llover; con el bum-bum del corazón al verla/lo sonreír, al sentir su calor, su tacto, su olor… Jamás podrán robarnos la sensación de las gotas de agua tocando implacables nuestra piel o las carcajadas que se gestan en las entrañas para subir por el pecho y chocar con una realidad que poco a poco deja de pertenecernos.
Cercenan nuestras manos con delicadas incisiones precisas e incesantes para que no podamos empuñar las espadas que los derrocarían de sus lúgubres pedestales, limitan nuestros sueños para que no podamos ver más allá del ficticio bienestar que nos venden y que compramos con cantidades ingentes de conformismo bañado en decepción e inmovilidad.

Nos pueden despojar de todo salvo de nosotros/as mismos/as, porque como decía Shakespeare: “Estamos hechos del mismo material que los sueños” y Calderón nos dejó claro que “Los sueños, sueños son”.

domingo, 27 de octubre de 2013

Largometraje.


El siglo XXI cada vez se parece más a una película de Tim Burton, muchos personajes marginales, historias lacrimosas y un tanto oscuras enmarañadas con excelentes efectos fantasiosos.
Estoy segura de que esto tiene que ser una película de Tim Burton, porque sino, no entiendo muy bien el funcionamiento del mundo. ¿A las mujeres en Arabia Saudí las multan por conducir y para mayor inri, un hombre tiene que asegurar que no les dejará las llaves del coche? ¡Por favor, que alguien me diga que esto es una cámara oculta!.
Ya sabía yo que algo olía a podrido, pero no me imaginé que éramos nosotros/as mismos/as. ¿Involucionamos?.
Desde luego que el Tribunal Supremo de Derechos Humanos (así como lo oyen, Derechos Humanos) deje en libertad a asesinos/as y terroristas por la ya conocida “Doctrina Parot” no parece muy  honorable ni ilustrado. Definitivamente la Justicia está de vacaciones y quien hace su remplazo es una babosa carente de personalidad.
Pero tranquilos/as, no todo son noticias escabrosas; hoy sentimos un respiro de aire dulce, fresco y renovador. Hoy, miles de personas se reunieron en el centro de Madrid para dejar de lado el egoísmo y egocentrismo y marchar en pos de una misma causa: Echarle sal a la babosa y esperar su lento, pasivo y ansiado final.
Levantemos la frente y salgamos a las calles, porque nada hay más temido para el poder que la frase “multitud enfurecida”.

jueves, 24 de octubre de 2013

Definiciones.

No te equivoques, la belleza no está sólo en unos ojos verdes o azules; la belleza se instaura en tu piel desde el preciso momento en el que, al detenerte a respirar, sonríes al llenar tus pulmones de polución.
A la belleza la delinean las palabras que brotan de tu pecho a borbotones, sin ciencia cierta, sin empirismos ni malicia. La belleza cobra vida cuando tus pies desnudos se hunden en la tierra mojada y la humedad del suelo te hace palpitar, te sientes vivo/a, en paz, sereno/a.
La belleza mezcla la bondad de las palabras, su perfección, deidad y potencia con su capacidad de viajar e introducirse en las venas con más estrépito que un tsunami; se visten de cortesía, de verdad, de erotismo, de anhelo, de deseo y de pasión para nublar la razón y  dejar que se deslicen por el oído para acabar en una cara roja de vergüenza, una boca sedienta de otra boca, un corazón latente de amor o un vientre ardiente de delirio.
Las palabras son una expresión pura y majestuosa de belleza sin límites ni reglas; tan duras como un puñetazo o tan dulces como una caricia.  Tienen la facultad de desplegar sus artimañas y envolverte en la perdición.
Entonces, si somos conocedores de su implacable poderío y supremacía, por qué seguimos creyendo en las vacuas palabras (sonidos sin orden ni concierto) que nos regala una televisión comprada con censura, una prensa con miedo a profesar su derecho de libre expresión, una élite política que se contradice a sí misma ganadora del Óscar a la mejor actuación y al mejor guión adaptado.
Quizá somos incapaces de discernir entre palabras que enamoran  y palabras que hacen daño; es sencillo, si ves que las personas no saben en dónde queda La Alhambra o el Parque Güell , algo de palabras con engaño te cenaste el día anterior y te dejaron hinchado/a, lleno/a de gases y con malestar; en ese caso, es hora de decirle a José Ignacio Wert que bien se puede comer cada una de sus reformas con patatas fritas metafóricas aliñadas con esas palabras funestas y nocivas que tanto le gustan.


jueves, 17 de octubre de 2013

Agua.

Las gotas de lluvia que ruedan por la ventana dejan una estela de humedad tan endeble y efímera como una verdad contada a medias, tan groseras que hielan la mente y enredan los ojos entornándolos en un bucle de pupilas de sube y baja.
Es inevitable perderse en sus curvas y caídas.
A nadie parece importarle que llueva mientras se está en casa, bajo las mantas, tomando un buen café caliente; a nadie parece molestarle que las gotas caigan libres, saltarinas y arbitrarias.
Disfrutamos con el suave murmullo de cada gota explotando en cualquier superficie, del arrullo que trae consigo el cielo cuando se desborda cansado de guardar el agua en sus entrañas. Nos acurrucamos, tomamos aire y lo soltamos con una media sonrisa en los labios llena de satisfacción, paz, tranquilidad y calma.
Cuando estamos en casa es fácil mirar por la ventana mientras llueve y encoger los hombros para rechazar el posible frío que podrías sentir de estar empapado/a; pero estás en el sofá; nada parece interesar de lo que pase fuera si estás en el sofá.
A nadie parece molestarle que llueva mientras la ropa está seca; salvo a las miles de personas que se ven obligadas a abandonar sus hogares, desahuciados/as por quien debe cuidarlos/as, por quien debe ser su paraguas, por el Gobierno.
Les dimos nuestro voto, los/as apoyamos para que llegaran allá arriba donde están, cedimos parte de nuestra soberanía para que ellos/as pudieran juntar la voluntad del pueblo en una sola voz que acallara todos los peligros e inclemencias del tiempo y del exterior; les damos todo y más y, ¿a cambio qué obtenemos? Niños/as en situación de pobreza que tienen que imaginar lo que tienen dentro de una barra de pan para comer; personas sin techo a las que les cobran multas por dormir en la calle (¿Acaso están pensando en alquilar el suelo público para sacarle una tajada a las personas sin hogar? ¿Se puede caer más bajo?); familias enteras que se quedan sin casa justo ahora que comienza el invierno…

Pero a nadie parece importarle lo que sucede fuera mientras llueve o cae nieve si se está calentito/a en el sofá, frente a la televisión, viendo cómo nuestros/as políticos/as juegan el partido de sus vidas con el árbitro
comprado.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Sin banda sonora original.

Ya ni siquiera se puede hacer el “tonto” en las calles de Madrid, ahora hay que pedir permiso al ayuntamiento de la Capital para cantar o tocar la flauta (o cualquier otro instrumento musical) en alguna de las esquinas del centro; al parecer, los gallos y guitarras mal afinadas de los/as estudiantes o parados/as – al caso es lo mismo-  molestan a ciertas personas; que yo me pregunto, ¿a quién molesta? Desde luego a los viandantes no les desagrada, en todo caso, se detienen (nos detenemos) a escucharlos y llevar el ritmo con las palmas, entonces… Seguro le molesta a nuestros/as presuntos/as políticos/as, que, como todos/as sabemos, viajan en metro y pasean por la ciudad y no, como todos/as creen, van en los coches oficiales de un lado a otro, al fin y al cabo, no tenemos más coches oficiales que parlamentarios/as (sarcasmo).
Ahora, para que la Tuna pueda cantar en Sol, tiene que pasar un casting para valorar (¿Quién valora, Ana Botella con su perfecto inglés y cultura?) si se es apto/a o no para expresar su talento en público. Ojo! Que no es prohibir esta libertad de expresión, es “adecuar esta actividad a la normativa”, según indican las autoridades.
Comprobamos una vez más la cantidad de humo que nos venden desde arriba; Julián Muñoz no paga lo que roba y los/as cantautores/as muertos/as de hambre no pueden buscarse la vida. ¿Hasta cuándo?. 
El problema no es que nos vendan humo; el problema es que lo compramos y, encima, cuando llegamos a casa y lo abrimos, nos damos cuenta de que era una gran flatulencia que se dispersa por todo el salón dejándonos atontados/as, como siempre. Y, para colmo, no tenemos la excusa de que lo compramos por eBay.

lunes, 7 de octubre de 2013

Tonalidades

Existen tantos tipos de guerra… Está la guerra de almohadas, la guerra de los precios, la guerra nuclear, la guerra sinsentido, la guerra contra el sobre peso…
Existen muchos tipos de guerra pero todas ellas las podemos compendiar en una sola imagen, la que pongo al lado.
Todas ellas, la guerra de almohadas sobre todo, acaban explotando (depende de la relación de los/as soldados/as) en  cantidades de besos y mimos; arañazos y puñetazos; muerte y desolación; muerte y desolación; muerte y desolación.
No importan los motivos que pulsen el “On” a la Guerra, los/as involucrados/as serán siempre los/as mismos/as: los/as políticos/as ávidos de poder, los/as políticos/as con un ego más grande que la Torre Eiffel o peor aún, los Mercados tan bien custodiados que ni siquiera sabemos quiénes son; o ¿acaso sabemos quiénes son los Mercados? Sí, esos mismos que ahora rigen la macroeconomía y la globalidad.
Si analizamos la imagen, vemos un sinfín de tonos de color rojo y negro que nos envuelven en el más puro furor de la pasión que, al fin y al cabo, es la que nos hace actuar o no de una manera u otra. Pasión, fuego enardecedor que quiebra los hilos del tiempo que vemos tan recto como la estela de un avión en el cielo y hace que, como pocas veces, lo veamos como un Donut mal hecho por Panrico; esa misma pasión que hace que nuestros dirigentes tomen pésimas decisiones y lleven a nuestros ejércitos a unas guerras que lejos están de la belleza de los tonos rojizos para quedarse varadas en la desgracia, el hambre, la tortura, la muerte, el pánico, el trauma y la pérdida de fe.
Ni Aznar cuando nos “metió” en la Guerra de Irak, ni Rajoy que nos “vende” a los japoneses  -así es, arrastrado y humillado nos vende al “mercado” de unos Juegos Olímpicos que perdimos ante ellos- representan la bondad de las personas de a pie que mezclan cada mañana su acuarela de colores para dibujar la mejor de las sonrisas ante una realidad tan distorsionada y tan opaca que refleja  las mentiras que nos regalan nuestros presuntos mandatarios en sus particulares Clubs de la Comedia.
No sólo la Guerra termina explotando como en la fotografía, nuestra pasividad debe acabar de explotar como un chicle de pica-pica al ser mordido y demostrar que estamos rellenos de algo más que idiotez y pasotismo.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Luna de pan de queso.


Ya la moda no es llevar pantalones con bota de elefante, el pelo de punta o tutú. Ahora la moda es indultar políticos corruptos, deportistas con dopaje, asesinos y presidentes del Tribunal Constitucional que militan en partidos políticos cuando lo tienen prohibido.

Estamos en un periodo convulso, no sólo por la movilidad en el sistema de clases (más personas en la base que en la punta de la pirámide), sino que, peor aún, estamos adquiriendo una conciencia de clase que hará que en X momento creamos que estamos adscritos a determinado agujero en medio de la sociedad de la que parece que cada vez somos más ajenos.
Vemos a nuestra camada de políticos en la estratosfera ficticia que nos han vendido inmersa en una adulterada Elysium a la que le notamos las telarañas, las grietas y las fisuras pero les regalamos el título de “Inmunes” y “Todopoderosos/as” dejándonos tan vacuos con el esfuerzo como un bote de Nocilla en el recreo de un cole.
Anoche me decía una persona que la vida es o deja de ser hasta cuando nosotros/as lo elegimos, somos dueños/as de nuestro presente pero no de nuestro futuro; somos juguetes que rodamos de una mano a otra pendiendo de la “moral”, de los designios de un titiritero (no sé por qué, pero pienso que es un hombre) y del “Destino”; pero entonces, ¿si el futuro no depende de nosotros/as, de quién lo hace? Nuestro futuro depende, entonces, de unas oportunidades que nos brinda el presente y que nos mata el presidente de turno.
De esta misma manera, nos han enseñado a utilizar la palabra “crisis” en sentido económico  y  ya forma parte de nuestra jerga diaria, restándole la gravedad que conlleva y permitiendo que nos envuelva en sus dulces y soñolientos brazos de la dejadez y la apatía. Porque cuando algo se vuelve rutina, deja de ser importante.
No es sólo crisis monetaria, estamos en crisis de ética, de verdades, de sueños, de metas, de visión; estamos en crisis de Justicia, porque, como dijo V: “La Justicia está de vacaciones” y ¡encima no se las pagan!.

Pobre y desprestigiada Justicia.




sábado, 21 de septiembre de 2013

Baldío

En mi defensa diré que el mundo ya estaba hecho y rehecho cuando yo nací.
Vaga defensa que se pierde entre las sábanas de los sueños prohibidos y lacrimosos que se quedan a medio camino entre el cielo y el infierno.
Nariz con nariz respiro el oxidado olor a tabaco que deja una pseudo-política tan añeja y resquebrajada como las paredes húmedas y macilentas de una cárcel carente de ladrones y  mangantes que están disfrazados de corbata y barbas bien cuidadas.
Somos absolutamente incapaces de dejar nuestro cómodo sofá en el que tenemos perfectamente marcada la forma de nuestras nalgas y que se ha convertido en apoyadero de nuestro siempre fácil contemplar de una vida que dejó de pertenecernos para ser el tráiler de una comedia que nunca se estrenará.
Ni siquiera el olor a rancio, a purulento, a pasado, a podrido, putrefacto y corrompido de las mentiras que nos cuentan a la cara con la sonrisa de la Gioconda obran en nosotros el mínimo de avivar un gesto de desprecio a la conformidad y avenencia a la que somos más fieles que a nuestras propias parejas.
Sin duda, el agua que bebemos y el aire que respiramos desprenden y destilan la ponzoña característica de una paz tan revuelta que se ha convertido en “kumis” agriado y vacilante en medio del hambre a la que parece que nos hemos adaptado.

No te abrumes, no busques culpables en la pantalla del televisor, ni en los periódicos ni en tu Tablet; búscalos en el espejo en el que te reflejas al lavarte los dientes, búscalos en el sofá del que parece que no te quieres levantar

lunes, 16 de septiembre de 2013

Quiero un paraguas amarillo.

No hay nada peor que tener el Word en blanco, abierto, listo, impecable, fogoso y expectante para ser tiznado con letras y no saber qué escribir.
En realidad no me preocupa no saber qué expresar, es tan humano como sonreírle a un/a desconocido/a o, mejor aún, tan humano como comer patatas en el mostrador antes de irte a la mesa.
Nacemos en blanco, en bruto, como un Word acabado de abrir. ¿En qué punto de ese proceso creador, de ese moldeado de Praxíteles en la curva perfecta, nos convertimos en el Grinch y no en “La muchacha en la ventana” de Dalí?
¿Será que hemos perdido la fe en nosotros/as mismos/as?
La raza humana se mantiene viva gracias a la pasión, el amor, la bondad, la belleza… Pero hemos perdido la fe; peor aún, hemos perdido la capacidad de soñar. “Sólo al soñar tenemos libertad, siempre ha sido así y siempre lo será”.
¿Dónde está nuestra capacidad para ansiar, para fantasear, para proyectar nuestras metas, utopías, deseos; para amar y dejarnos amar?
Nos hemos convertido en personas mayores con gabardinas, con maletas llenas de papeles, con paraguas negros y que siempre miran con las mismas lentes.
Tocamos fondo.
Súbete a la mesa para ver desde una perspectiva diferente (no temas caerte); tiñe de colores tu sonrisa; sueña con el nuevo día aunque éste aún no llegue; gana la batalla aún sin empezarla; despéñate rodando por el césped; inspira y deja que el aire recubra cada recoveco de tu pecho e hinche tu piel y suéltalo en un gañido tan atronador que no te quede otra opción que creer, que creerte.
Sorbe mocos, levanta la frente; mira el conjunto bidimensional y sigue caminando.
Sólo después de ese inventario podrás ver un cordero dentro de una caja dibujada a lápiz, tan etérea como un elefante dentro de una boa constrictor.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Olímpicamente deteriorada.


Madrid es un ejemplo claro de perseverancia, de lucha encarnizada contra sus propios problemas internos… Madrid y España, son como el Caballo de Troya, llevan a los enemigos en sus entrañas.
Este fin de semana se nos confirmó, una vez más, que España está catalogada entre los países más mal vistos de la UE y del mundo entero, pues no sólo fue descartada la primera en los ansiados Juegos Olímpicos, sino que demostramos que nuestros políticos carecen del espíritu vanguardista que requiere la política actual.
España es un país de viejos.
Obviando el ridículo de Ana Botella en su discurso en “inglés”, obviando el peloteo al Príncipe Felipe (no se dejó la piel en su apelación ante el COI; le pagamos para eso y más), la fiesta descomunal que se hizo para celebrar unos juegos que no tuvimos (fiesta pagada con nuestros impuestos; no nos dejemos engañar, nada es gratis) y obviando el derroche de confianza que tenía el país al completo por la falsa percepción que nos vendió el mismo gobierno de un triunfo inminente en la candidatura de los Juegos Olímpicos Madrid 2020; rescatamos la paciencia y la fe de las personas que, lejos de concebir la imagen de la enorme cantidad de dinero que se mueve en sobres por debajo de las mesas, son capaces de unir sus corazones, sus esperanzas y su amor a causas tan relevantes como ésta, sacan a relucir su amor patrio, ya sea por el fútbol o el cantante de turno y dejan en segundo plano temas tan vacuos como el robo a manos llenas que nos está haciendo el gobierno y la corrupción tan evidente que ya no intentan ocultar. Pero esos son problemas menores, al fin y al cabo, ¿qué Estado no tiene su manzana podrida?.
Lo verdaderamente importante es que España gane el siguiente mundial de fútbol.
¡Stop!
Aún podemos despertar, estamos a tiempo de salir del carril-bici en el que estamos anclados, acomodados y adormecidos.
Es la hora de las antorchas, de los cohetes, las bengalas, las acampadas… Es hora de levantarnos y recuperar lo que es nuestro, lo que nos ha sido arrebatado por la parsimonia en la que nos enclaustramos; es la hora de salir del Caballo de Troya porque España no sabe que los verdaderos enemigos del Estado actual están en sus mismas entrañas.






Semana. Domingo.

  7 Domingo.  La resaca de los domingos le produce gastritis, malestar que no le deja el vino. La tregua del día anterior se rompe con la...