Considerando que las opciones de progreso, crecimiento, madurez y ensanchamiento son tan nulas en los años en los que nos tocó vivir; reconocer que muchas veces el error es personal y propio no resulta nada sencillo.
Somos conscientes de que a cada hora seres queridos se van a otras tierras a buscar “futuro” y dejan esos vacíos tan sonados y palpables en medio de los labios y la piel, razonas contigo mismo en busca de consuelo (vago consuelo) y te justificas con frases tan banales como: “Es cuestión de tiempo, todo cambiará en unos meses”, “todo sea por tener algo en donde caerte muerto” y, mi favorita, “es el destino”. ¿El Destino?.
No estamos en condiciones de quejarnos, no tenemos dinero, no tenemos posibilidades ni salidas, pero no podemos quejarnos, todos los pasamos mal, con lo cual, ¿de qué sirve una lágrima más o menos en medio de un mar de súplicas y hambrunas?.
Escribir sobre la realidad actual resulta tan improductivo como intentar no tragar agua cuando vas a la piscina.
domingo, 25 de agosto de 2013
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