domingo, 18 de mayo de 2014

Abonados al gimnasio.

Ahora ya ni en Twitter tenemos libertad de expresión.
Es gracioso y aterrador ver cómo la muerte de un personaje público remueve las consciencias de nuestros políticos y dan la orden para empezar la caza de brujas a todo aquel incauto o incauta que quiera manifestar su agrado o desagrado con la clase política –es cierto que con muy poco tacto-. Muchos de los mensajes poseen un tono desatinado, pero la esencia de la polémica radica en que, en vez de investigar tantísima corrupción que resulta evidente, se investiga la procedencia de mensajes estúpidos publicados en un país en el que el derecho de expresión es un derecho constitucional.
Los políticos juegan en una liga profesional que no alcanzamos a vislumbrar, que no comprendemos y de la que no participamos pero nosotros mismos pagamos; es tan típico de los seres humanos el estatismo placentero embargado por un halo de soñolencia profundo que no vemos que es como pagar cada mes la cuota del gimnasio y no ir ni siquiera a recoger la ropa del primer y único día que fuiste creyendo tener la fuerza de voluntad necesaria para bajar esos kilos de más. Pagamos las dietas, los viajes y el salario de todos los políticos y, como agradecimiento, nos roban a diestro y siniestro como la niña rebelde que coge dinero a escondidas de sus padres para irse de fiesta todo el fin de semana y encima llegan el domingo a casa pidiendo la paga de la semana para ir al colegio.
Ya ni siquiera estamos en época de convulsión, guerra o levantamiento. Parece que nos hemos acostumbrado tanto a toda la inmundicia que ya nos asomamos a la ventana a ver el espectáculo con palomitas y refresco.
Ya no somos las víctimas, los atropellados, los robados, los acosados ni las personas heridas, ahora somos los cómplices, tan culpables como aquellos que ejecutan el delito. Cómplice yo, cómplice tú. Cómplices todos al girar la cabeza a otro lado cuando 3 de cada 9 personas suicidadas son por causa de la crisis; cuando la cúpula del gobierno presuntamente ha recibido sobre con dinero negro; cuando tantísima gente es desahuciada de sus casas y puestas en la calle sin ninguna contemplación y cuando… Cuando… Cuando…
Cuando dejemos de ser cobardes y hagamos algo más que recurrir a nuestro libertad de expresión a través de una anónima red social podremos ser titulares de esa liga profesional y, por fin, empezaremos a ir al gimnasio diariamente de 7 a 10 de la noche.

viernes, 2 de mayo de 2014

Game Over

He jugado decenas de partidas y he perdido una vida tras otra en los juegos más insospechados como el amor, la amistad, los exámenes tipo test  y Mario Bros, pero, sin duda, la partida en la que más vida pierdo y en la que no consigo avanzar es en el juego del conformismo ante un gobierno cuyo rol es el de mandamás paternalista que vela por el utópico bienestar basado en las premisas equivocadas del bien colectivo y el sacrificio del Jefe o la presencia del liderazgo que requiere una nación tan potente como la que hoy dedicamos un minuto de silencio por un “Game Over” más. Señor Rajoy, me refiero a su Estado, al suyo y de todos pero que usted ha desvirtuado y violado con sus recortes mal trazados y sus falsas esperanzas de un paro de descenso. No se preocupe, le guardamos el secreto de que en realidad el paro “desciende” por los pésimos contratos por horas y la brevísima temporalidad que ayudan a su disminución adulterada cual cortina de humo en un acto de ocultismo con los mejores magos y charlatanes de la actualidad.
Y en este juego de “yo digo”, “yo afirmo” al que juegan nuestros dirigentes, se les ocurre dar datos escandalosos del paro el día de la semifinal de la Liga de Campeones porque claro, así los hongos y las tortugas siguen su trayectoria en medio del mundo en el que les tocó morir aplastados por el gemelo malvado de Luigi.
Y si estas noticias nos las dan en días señalados para que no le prestemos demasiada atención… ¿Qué nos irán a decir el día de la final de la Champions o el día del comienzo del Mundial de Fútbol? Es una constante expectativa tan previsible como cuando el asesino te persigue para matarte en una película de terror barata y sabes que te acabarás tropezando y cayendo al suelo justo antes de llegar al sitio en el que puedes salvar tu vida.