miércoles, 25 de diciembre de 2013

Agitación como el Alka-Seltzer.


Tan vacío como las botellas de alcohol el 1 de enero fue el mensaje que un Rey que parece ajeno a la realidad que vive su pueblo moribundo de esperanzas, fe y hambre nos regaló hace unas horas.
Palabras puestas al azar, con el mismo orden y concierto que utilizo para demostrar que las palabras tienen igual poder para construir que para demoler torres de humo disfrazadas de plenitud.
Ya no es cuestión de no creer en la política, en la ausencia de ética o la abundancia de corrupción de quienes mueven los hilos y nos mantienen en jaque y a punto del  suicidio; la cuestión se tambalea entre tú y yo, un rato eres tú la persona culpable y al otro rato la culpa es sólo mía. Somos solidarios/as por naturaleza, para la permanencia de la raza humana y por ello compartimos la culpa de la ineptitud.
A lo largo de los años hemos venido recabando información, datos, cifras, y hechos de lo que tenemos, somos y practicamos, de lo único que conservamos fehaciente prueba es de la preeminencia del amor: amor propio, amor familiar, amor fraternal y amor pasional. Por amor morimos, enloquecemos, matamos, sufrimos, lloramos, volamos y reímos a carcajadas. Sólo por amor levantamos muros y asolamos infiernos. Por amor escribimos y gritamos que la libertad es una realidad y no las leyes que remarcan el infortunio de las mujeres obligadas a ser madres en contra de su voluntad. ¿Qué mañana le espera a un niño o una niña que se ve inexcusablemente forzado/a a venir a un mundo con cada vez menos futuro?. Es como darle carne a una persona que no tiene dientes, igual de macabro y perverso.
Nos pintaron pajaritos en el aire y lo peor es que intentamos darles de comer.
Hagámonos libres por amor, por odio, por cobardía, por no dejar o por puro orgullo. Por el motivo que sea, pero libres.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Ceguera blanca.

Somos prisioneros/as. Estamos presos en medio del mal y del bien. Nos ponemos los grilletes a voluntad propia dejándonos al margen de nuestras propias decisiones, dejamos que otros/as decidan por nosotros/as, que apuesten por nosotros/as en la Ruleta para después perder nuestra dignidad, derechos, libertad, medicinas, educación, capacidad de decisión, fe y ganar otras cositas como apatía, pereza, desesperanza, rabia o indiferencia.
No supimos jugar nuestras cartas eligiendo a quien decide por nosotros/as, escogimos mal a nuestros/as representantes y como si fueran los/as dueños/as y señores/as de nuestra voluntad, venden y trafican con nuestro presente y nuestro futuro y porque el pasado no se puede cambiar… Que si no, también nos lo dibujaban diferente cambiando los titulares de las noticias que no les conviniera, como en 1984 de Orwell. En realidad no estamos tan lejos de tener “policías del pensamiento” que controlen nuestras ideas referidas al gobierno, a nuestros líderes y lideresas o, en la época actual, que censuren nuestros hashtag y impidan que nos manifestemos o hagamos fotos a la policía. ¿Impensable y locura sin medida, verdad?.
Estamos prisioneros/as en Azkaban y perdemos nuestras ilusiones, sueños y deseos al tirar de la cadena del WC. Abandonamos nuestra voluntad a su propia suerte dejándola huérfana y no nos da pena, no sentimos lástima de nosotros/as mismos/as al vernos vagar errantes por un suelo lleno de basura y mentiras, no salimos a la calle a limpiarlo; nos ponemos las botas de plástico para caminar más cómodamente en medio del fango. ¿Salir con una escoba y un recogedor para reciclar toda la porquería que recubre nuestro camino? ¡No, por Dios!.
Vivimos en nuestra propia cárcel, palpamos los fríos barrotes y gustamos el olor agrio de la orina acumulada y reseca, pero tenemos diagnosticado un síndrome de Estocolmo grave y crónico que nos impide coger la llave puesta deliberadamente a nuestro alcance.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Frenesí

Abrir los ojos y contemplar el sabor dulzón de los sueños cumplidos y los deseos satisfechos recogidos en sonrisas permanentes imposibles de desvanecer por el escandaloso e impertinente sol. Buscas pero no encuentras más recuerdos que los que se esculpen en la piel a golpe de besos como si de “Los amantes” de Rodin fuéramos discípulos; caricias nacidas de la concepción de la vida y el placer, de las ansias y las respiraciones entrecortadas que atraviesan el aire denso y brumoso, resultado de la ausencia de visión, fruto del enajenamiento de la consciencia y la conquista de poder del “yo”.
Texturas y movimientos ligeros que ralentizan la muerte y la ridiculizan obligándola a abandonar la neblina que recubre los cuerpos básicos y despojados de vocablos sustituidos por promesas que ascienden al techo como si de una señal de humo de reproche al tiempo y al espacio se tratara. Miradas que desarman voluntades incapacitadas para reaccionar ante tan absoluta belleza esparcida por el suelo, generosa y bondadosa, dotada de infinitos y presa de la pasión desbocada y sin jinete que se escapa de las pupilas encendidas por la luna con la sonrisa plagada de posibilidades.
Ni la muerte ni el tiempo juegan en esta partida de ajedrez que ya tiene los movimientos pactados por los hilos del destino que mira desde lejos sabiendo cuál es el desenlace, un final como los que sólo puede suceder en el cine.