lunes, 16 de diciembre de 2013

Ceguera blanca.

Somos prisioneros/as. Estamos presos en medio del mal y del bien. Nos ponemos los grilletes a voluntad propia dejándonos al margen de nuestras propias decisiones, dejamos que otros/as decidan por nosotros/as, que apuesten por nosotros/as en la Ruleta para después perder nuestra dignidad, derechos, libertad, medicinas, educación, capacidad de decisión, fe y ganar otras cositas como apatía, pereza, desesperanza, rabia o indiferencia.
No supimos jugar nuestras cartas eligiendo a quien decide por nosotros/as, escogimos mal a nuestros/as representantes y como si fueran los/as dueños/as y señores/as de nuestra voluntad, venden y trafican con nuestro presente y nuestro futuro y porque el pasado no se puede cambiar… Que si no, también nos lo dibujaban diferente cambiando los titulares de las noticias que no les conviniera, como en 1984 de Orwell. En realidad no estamos tan lejos de tener “policías del pensamiento” que controlen nuestras ideas referidas al gobierno, a nuestros líderes y lideresas o, en la época actual, que censuren nuestros hashtag y impidan que nos manifestemos o hagamos fotos a la policía. ¿Impensable y locura sin medida, verdad?.
Estamos prisioneros/as en Azkaban y perdemos nuestras ilusiones, sueños y deseos al tirar de la cadena del WC. Abandonamos nuestra voluntad a su propia suerte dejándola huérfana y no nos da pena, no sentimos lástima de nosotros/as mismos/as al vernos vagar errantes por un suelo lleno de basura y mentiras, no salimos a la calle a limpiarlo; nos ponemos las botas de plástico para caminar más cómodamente en medio del fango. ¿Salir con una escoba y un recogedor para reciclar toda la porquería que recubre nuestro camino? ¡No, por Dios!.
Vivimos en nuestra propia cárcel, palpamos los fríos barrotes y gustamos el olor agrio de la orina acumulada y reseca, pero tenemos diagnosticado un síndrome de Estocolmo grave y crónico que nos impide coger la llave puesta deliberadamente a nuestro alcance.

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