jueves, 25 de septiembre de 2014

¿Quién es quién?

Una de las preguntas que constantemente me hago es qué lleva a las personas a salir a las calles a quemar contenedores de basura y qué lleva a otras personas a verlo todo desde el sofá con una cerveza en la mano y, después de descartar los genes como principal motivo, comprendí que hay múltiples variables que impulsan a las personas a participar  o ser espectadores y no sólo una píldora azul o roja que te permite decidir.
En nuestra sociedad actual: en la de casa, el cole, los parques… Nos chocamos de frente con un germen creciente, temible y erosionador de las voluntades sociales colectivas y no es otro que el llamado “free rider” o “gorrón” que consiste, como su nombre lo dice, en una actitud muy acertada de aquellos que no quieren mancharse las manos de barro y, en un alarde de valentía, observan a los pocos osados en las manifestación y piensan para si, en sus adentros amoblados por telebasura, comida rápida y un conformismo tan vasto que parece casi una enfermedad degenerativa que si sus iguales consiguen un triunfo, se beneficiarán por inercia y si fracasan… “Total, no hice ningún esfuerzo y no moví mis nalgas del sofá”.
Esta disolución de la responsabilidad acaba por hacer que miremos por la ventana del tren mientras una persona se queda atrapada entre las puertas del mismo sin poder entrar ni salir: “Que lo haga otro, somos muchos en este vagón, no sólo estoy yo”.
Resulta inútil escribir sobre una enfermedad que no tiene cura, que no tiene antibiótico; sobre un virus que no tiene su Avast  gratuito; sobre la plaga; la peste; sobre La Muerte…
¡Oh! No, espera, que sí tiene pero conlleva esfuerzo; conlleva madrugar; conlleva sacudir los hombros y dejar la apatía; conlleva destrozar las suelas de los zapatos caminando pero… “Nahj, que la busque otro; que madrugue otro; que otro compre zapatos porque igual somos muchos, no sólo yo en el Planeta”.

sábado, 20 de septiembre de 2014

El que no corre vuela.


Cuando el tiempo decide tener su propia identidad y toma la iniciativa de ralentizarse de tal manera que, cuando crees que han pasado 3 segundos lo único que ha pasado es que ese mismo tiempo te ha guiñado un ojo diciéndote... "He aprobado leyes y enmiendas para que el rey (el Viejo) siga estando por encima del bien y del mal".
A parte de las preguntas básicas que despiertan los saltos en el tiempo y la rapidez del mismo, tenemos otras que suscitan inquietud en medio de los súbditos ¿Por qué Rajoy está tan pero tan desesperado por aforar al rey? ¿Por qué ni siquiera ha querido pactar, dialogar o consensuar con los demás grupos parlamentarios tan importante y desigual decisión? Son exactamente las mismas prisas que te entran cuando has hecho una fiesta en casa sin permiso y tus padres llegan antes de tiempo y tienes que correr a tirar la basura en bolsas negras y esconder las evidencias bajo los sofás. ¿De qué tiene miedo el rey? ¿Qué delitos guarda bajo el sofá para que decida correr a buscar bolsas negras antes de que la Justicia en España sea, por fin, aparentemente, igual para todos los que pisamos este suelo?. Es todo muy raro, turbio y la Monarquía brilla por su ausencia total de democracia, de transparencia, de moral y ejemplo.
El tiempo pasa veloz y en un abrir y cerrar de ojos tuvimos reformas de ley y aforamientos indeseados. ¿Qué hará entonces el PP en el tiempo de legislatura que le queda? Quizá llevar a caballito al viejo rey para que su pierna mala no sufra más daños.
El tiempo duele más cuando hay hambre, cuando hay frío y cuando te sientes totalmente desprotegido por un Estado que, si bien no exagero demasiado, me recuerda a... "Todo para el pueblo pero sin el pueblo". Quien diga que esto es una hipérbole, que me diga si a él o a ella le preguntaron si quería a Felipe VI como rey.
Ya no sólo es cuestión de dinero o legitimidad de una Monarquía rancia, es cuestión de hacer el paripé, votar un contundente "No a la Monarquía parlamentaria" y luego manipular lo resultados, total, nuestro Padre Estado aún cree que somos pequeños y lo que decimos es sólo fruto de la mala influencia de nuestra amiga imaginaria llamada Libertad y, para quitarnos ilusiones de la cabeza, nos contrata a una excelente psicóloga, Doña Corrupción.


miércoles, 10 de septiembre de 2014

Vuelta al mundo con señores de bigote.

Siempre que escucho el término “globalización”, mi mente infantilizada no puede evitar pensar en un enorme globo aerostático de colores volando alrededor del mundo con unos señores de sombrero y gabardina en su interior. Lo cierto es que no está muy lejos de la realidad mi visión onírica de la palabra ya que, en realidad, la globalización se centra en el fortalecimiento de unos pocos (señores dentro del globo aerostático) por encima de la población total que pisa la tierra como si de verdad fueran sus dueños.
Nos encontramos, pues, con que los señores del sombrero que vuelan por encima de nuestras cabezas van soltando caramelos a nuestro suelo que nosotros recogemos con entusiasmo, jovialidad y entrega. Un día, por ejemplo, nos sueltan que han detectado un brote de gripe porcina (y tú piensas: “uf!”). Al día siguiente dejan caer que ya hay 30 muertos en Latinoamérica por la gripe porcina (y tú piensas: “Dios!”). Después como buenos seductores te lanzan al aire: “Primeros brotes en Europa” (y a ti se te congela la sangre. Te llenas de paranoia). Pero tranquilos que al día siguiente se olvida todo porque hubo un terremoto en Tailandia y un tsunami en Cuba.
Es, de esa manera tan delicada, apacible y envolvente que hacen que nuestro cuello esté siempre estirado hacia arriba esperando el siguiente aluvión de caramelos de colores que entretendrán nuestras tardes mientras, a hurtadillas, manejan nuestras dosis diarias de felicidad edulcorada por cifras, datos y números que, de tanto comerlos, pierden sabor e interés; de ahí que, ciudadanos bajo un régimen de censura dictatorial no sabe o no quiere saber que su gobierno es corrupto pero vive feliz en la ignorancia. Y, peor aún, ciudadanos de democracias occidentales  que saben que su gobierno es corrupto miran a los lados buscando, olfateando, revisando y, como no hay caramelos, vuelven a girar hacia arriba esperando ansiosos como los niños en la cabalgata de reyes a que les llegue lo suyo.
Siendo justos, realistas y benévolos, debemos reconocer que la “globalización” nos ha unido, nos ha llenado de esperanza al conocer mundo, al contactar con personas del otro lado del planeta en cuestión de segundos y, sobre todo, nos llena de miles de posibilidades al tener la información en la palma de la mano pero, como todos los niños golosos, nos comemos las chuches con avaricia, a bocados y sin compartir ni degustar provocando indigestiones, flatulencias y retortijones.