viernes, 19 de diciembre de 2014

La nueva y bien parecida Era Contemporánea.

Vivimos en una Era de Excesos. Nos excedemos comiendo demasiado o dejando de comer o, peor, obligando a dejar de comer a otros. Nos excedemos comprando, gastando y pidiendo prestado a excesivos intereses bancarios. Nos excedemos mostrando o dejando de mostrarnos, desnudando almas o tapándolas hasta parecer que no existen  para equipararnos aún más a animales salvajes o, siendo benévolos, cuasi humanos impulsados por las “cualidades” de moda: avaricia, egoísmo, consumismo, hipocresía y superficialidad. Excesos.
Encontrar el punto zen, el centro, nuestro centro es una tarea para valientes, para deportistas de élite que se dejan los brazos, las piernas y todos los músculos de su cuerpo intentando no dejarse caer de la cuerda floja que empuja para el lado estúpido o el lado demente de las cosas. No sabemos, no nos enseñaron a mirar hacia dentro, a esculcarnos, removernos o desaprendernos para volver a reconstruirnos; no nos enseñan a sentirnos porque adecuaron nuestros ojos a mirar al frente. Pero no nos preocupemos, hay dos optativas dentro de esa asignatura: mirar “Más allá de tu nariz” o “Más acá de tu nariz”; la gran mayoría elige la segunda, es on line y puedes buscar en Google las respuestas y, como trabajo de fin de clase, un 10 para el mejor selfie. Y de ahí viene el astigmatismo y la miopía hacia el exterior y , peor aún,  la ceguera total interna, del yo y mis circunstancias.
Sin duda, todo exceso es malo. Y si no, que se lo digan al PP, tiene exceso de  promesas incumplidas y de dinero B; o al PSOE, exceso de confianza nacida del error de su clan enemigo o Podemos, exceso de euforia y un sobredosis de éxtasis del malo. Y nosotros… Terco, acomodado y malnutrido pueblo tenemos exceso de necesidades innecesarias; vendemos nuestra integridad, derechos y conciencia al mejor postor y al más listo mercader que primero nos envenena para, después, vendernos el antídoto a precio de oro con incrustaciones de ignorancia, eso sí, valiosísimo en nuestra apacible Era actual.
Sean bienvenidos, en esta Era de Excesos hay sitio de sobra para todos.



sábado, 15 de noviembre de 2014

Mensajes de papel.

Jugar con las palabras es tan sencillo como coger un lápiz de color y pasarse del delicado delineado del hipopótamo que tienes sobre la mesa. Rumiar las palabras, escoger los sinónimos, buscar la sonoridad y las letras que decoren una hoja en blanco, plasma el firme deseo de quien las crea de sacar de las sombras las cientos de tonalidades que se desdibujan en el horizonte con desgana. No existe sentimiento que las letras, una detrás de otra, no puedan expresar, desde la añoranza tintada de tristeza como cera derretida hasta la calidez al sentir el gusto del café humeante en los labios tras una tarde de lluvia, aire y frío que te deja la piel gélida y vaporosa.
Con ellas se consigue enamorar a quien te lea regalando bondadosas estrofas y frases bien elaboradas que se escriben cerrando los ojos, respirando hondo e imaginando cada palpitación, burbujeo, escalofrío o inestabilidad que quieres donar, como la primera vez que besas a alguien a quien amas incluso antes de llegar a esa conclusión tan tajante que, sin duda, te llevará a andar sobre las nubes sin necesidad de drogas. Ese primer beso lo recubre el sonido de los zapatos al acercarse mutuamente, de la ropa que se estira pegada a la piel para tocar el objeto deseado; el olor de su piel que te atrae sin remedio, de su colonia que te embriaga y aletarga. Sientes el deseo nacer en tu pelvis y subir disparado al estómago, al esófago y, finalmente, latir en la lengua, los labios y el corazón. Los cuerpos se rozan, la electricidad es casi palpable y la densidad del aire alrededor podría cortarse con una catana. Aprietas tu pecho contra el suyo, las manos se tocan, se sueltan y se reencuentran de nuevo. Acercas tu cara, las narices se tocan, se sienten y los labios se arquean formando una sonrisa inequívoca de placer. Inexorablemente los labios se chocan, el beso explota, el cuerpo reacciona, el mundo desfallece, la piel arde, la saliva se mezcla y el dulce placer de la muerte en vida traslada los cuerpos más estables a un sinsentido pulcro, elegante, soberbio, altivo, valiente, fugitivo, vivo, libre, fugaz.
Palabras, palabras y palabras que huyen del rostro, enrojecen al lector, deambulan por el aire sin GPS, se estrellan contra las paredes y rebotan dando tumbos, borrachas e hipando; pero nunca mueren, vagan errantes de oído en oído, de retina en retina y de corazón en corazón.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Sonrían y digan: ¡Dinero!. Perdón, perdón: ¡Patata!.



Una de las ventajas que tenemos al ver la televisión es que en los gestos, aunque sean muy estudiados, ensayados y asumidos, puedes percibir en el brillo de los ojos o en los labios apretados tipo piquito de pájaro de los presentadores de las noticias cuándo creen o no en la veracidad de lo que nos pretenden vender a través de las noticias de las 3 P.M mientras comes.
Podemos analizar movimientos de manos, narices arrugadas, voces desafinadas y entonaciones con descrédito… Todo ello junto, si prestamos atención, puede mostrarnos un mapa perfecto de las personas que tenemos en frente.
Pero luego nos encontramos con una foto como la de arriba y dices: -“¡retruécanos!” Y esto… ¿Cómo lo destripo para llegar a las verdaderas intenciones de quienes participan en esta colorida imagen? Habría que ser un experto para deducir que Aznar sin bigote pierde encanto y su sonrisa falsa queda desnuda ante las cámaras que no lo pillan en su mejor perfil. Tenemos ante nuestros ojos el árbol genealógico de la destrucción económica de la España actual: en el centro, Aznar y su sonrisa de Mona Lisa que se desbordó con tanto poder y vendió el suelo español para la construcción como si fueran chuches a la salida de un colegio; a la izquierda tenemos a nuestras cejas favoritas, cejas en constante sorpresa y con un vago pero acentuado parecido a Mr. Bean que llegó al poder de rebote y cuando la niña adolescente y malcriada que dejó Aznar tuvo que abortar por desnutrición estuvo agonizando en sus manos y sin saber qué hacer la dejó en manos de Rajoy, el sujeto a la derecha de la foto. Este hombre con unos labios con poco movimiento (como los de Aznar; quizá en la cúpula del PP se les enseña a no expresar mucho con la boca para no defecarla en un arrebato de humanidad, sinceridad o transparencia) le practicó respiración boca a boca a la España moribunda pero las clases de hieratismo que les inculcó el PP, como dijimos antes, impidieron que sus intentos dieran frutos y España murió por negligencia. Negligencia médica, escolar, económica, social y cultural. 
Cuando se le practicaba la autopsia a la Mujer asesinada por los 3 hombres de la foto, aparece en escena, en plan Salvador, un 4 personaje, Pablo Iglesias que, con ideas de revolucionario nos vende la idea de que España no está muerta porque se reencarnará en una hermana gemela que vive en Latinoamérica.
Ay… Si estos 4 hombres (y los miles de políticos más que tenemos que mantener con nuestros impuestos) bebieran el Suero de la Verdad, tanto cejas como labios lentos o coletas despeinadas confesarían las fechorías que conocemos pero que nos niegan y ocultan y las verdades que ni siquiera alcanzamos a imaginar y que son imposibles de reconocer a simple vista con apretones de manos cómplices y sonrisas etruscas.

martes, 21 de octubre de 2014

Moldeados como plastilina.

Resulta gracioso que el mundo entero sólo pierda las formas cuando un “ataque” inminente del Virus fantasmagórico, pseudo-racista y sin escrúpulos que, cansado de matar a África, por fin llega a las demás razas que ocupan la zona norte del Planeta y entonces ahí sí saltan las alarma como cuando intentas traficar con drogas en un aeropuerto: los perros ladran, los silbatos chillan, las bombillas brillan de mil colores y te tiran al suelo, te hacen daño y, en muchos casos, hacen que las bolsitas de coca se te exploten en el estómago. De igual manera sucedió en España: ninguno había prestado la atención suficiente a La Muerte hasta que no llegó de visita a Madrid, a nuestra tele, a nuestros salones. Ninguno reparó en que el Virus era importante hasta que, gracias a Ana Mato y a Rajoy, lo trajeron de visita turística con VISA religiosa  a España (por lo exótico, ya se sabe) y, como un inmigrante ambicioso decidió quedarse indocumentado al ver buenas condiciones naturales, las facilidades de enriquecimiento ilícito, el festín que se pegaría al conquistar europeos y la poca necesidad de moverse para protegerse ya que en el territorio español no hay un Azkaban ni Dementores, también llamados Hospitales con un nivel de seguridad P4, para contenerlo.  En fin, ahora sí conocemos los daños que causa el Ébola, los síntomas y la gravedad porque ya no es cosa de los de abajo, ahora es la Cosa Nostra.
Hasta aquí, todo correcto.  
Ahora bien, este Susodicho entró por la puerta grande, lo recibieron con luces y cámaras. No sólo se aprovechó de la deprimente falta de conocimiento de nuestros líderes al invitarlo tan amablemente y de los tristes medios para su tratamiento si no que vulneró nuestra confianza porque nos utilizó para su lanzamiento al estrellato apoyándose en la necesidad del pueblo de Occidente de temas más jugosos que la crisis, el conflicto sirio y demás preocupaciones que los gobiernos quieren quitarnos de la cabeza. Ahora el barómetro del CIS indicará que el Ébola está en primera posición ganando puestos sobre la desconfianza en los políticos, su corrupción evidente y el paro…
Nos gusta la farándula, el amarillismo y aprovechamos cualquier noticia para regodearnos morbosamente y preocuparnos más por la muerte de un perro que por lo miles de seres humanos muertos más allá de nuestras narices.
Y así, mientras la sociedad entera está pendiente de nuestra enferma favorita en el hospital, el Gobierno de turno insensato y elitista aprobará el modelo de 3 años  de grado +2 de máster obligatorios en las universidades.
Total, nos dicen: mira, mira, ¡Un OVNI!. Y allí estamos todos, atentos, perplejos e idiotizados mirando el cielo pulcro y despejado mientras el matón del curso nos roba la merienda del recreo de nuestros bolsillos traseros.

jueves, 25 de septiembre de 2014

¿Quién es quién?

Una de las preguntas que constantemente me hago es qué lleva a las personas a salir a las calles a quemar contenedores de basura y qué lleva a otras personas a verlo todo desde el sofá con una cerveza en la mano y, después de descartar los genes como principal motivo, comprendí que hay múltiples variables que impulsan a las personas a participar  o ser espectadores y no sólo una píldora azul o roja que te permite decidir.
En nuestra sociedad actual: en la de casa, el cole, los parques… Nos chocamos de frente con un germen creciente, temible y erosionador de las voluntades sociales colectivas y no es otro que el llamado “free rider” o “gorrón” que consiste, como su nombre lo dice, en una actitud muy acertada de aquellos que no quieren mancharse las manos de barro y, en un alarde de valentía, observan a los pocos osados en las manifestación y piensan para si, en sus adentros amoblados por telebasura, comida rápida y un conformismo tan vasto que parece casi una enfermedad degenerativa que si sus iguales consiguen un triunfo, se beneficiarán por inercia y si fracasan… “Total, no hice ningún esfuerzo y no moví mis nalgas del sofá”.
Esta disolución de la responsabilidad acaba por hacer que miremos por la ventana del tren mientras una persona se queda atrapada entre las puertas del mismo sin poder entrar ni salir: “Que lo haga otro, somos muchos en este vagón, no sólo estoy yo”.
Resulta inútil escribir sobre una enfermedad que no tiene cura, que no tiene antibiótico; sobre un virus que no tiene su Avast  gratuito; sobre la plaga; la peste; sobre La Muerte…
¡Oh! No, espera, que sí tiene pero conlleva esfuerzo; conlleva madrugar; conlleva sacudir los hombros y dejar la apatía; conlleva destrozar las suelas de los zapatos caminando pero… “Nahj, que la busque otro; que madrugue otro; que otro compre zapatos porque igual somos muchos, no sólo yo en el Planeta”.

sábado, 20 de septiembre de 2014

El que no corre vuela.


Cuando el tiempo decide tener su propia identidad y toma la iniciativa de ralentizarse de tal manera que, cuando crees que han pasado 3 segundos lo único que ha pasado es que ese mismo tiempo te ha guiñado un ojo diciéndote... "He aprobado leyes y enmiendas para que el rey (el Viejo) siga estando por encima del bien y del mal".
A parte de las preguntas básicas que despiertan los saltos en el tiempo y la rapidez del mismo, tenemos otras que suscitan inquietud en medio de los súbditos ¿Por qué Rajoy está tan pero tan desesperado por aforar al rey? ¿Por qué ni siquiera ha querido pactar, dialogar o consensuar con los demás grupos parlamentarios tan importante y desigual decisión? Son exactamente las mismas prisas que te entran cuando has hecho una fiesta en casa sin permiso y tus padres llegan antes de tiempo y tienes que correr a tirar la basura en bolsas negras y esconder las evidencias bajo los sofás. ¿De qué tiene miedo el rey? ¿Qué delitos guarda bajo el sofá para que decida correr a buscar bolsas negras antes de que la Justicia en España sea, por fin, aparentemente, igual para todos los que pisamos este suelo?. Es todo muy raro, turbio y la Monarquía brilla por su ausencia total de democracia, de transparencia, de moral y ejemplo.
El tiempo pasa veloz y en un abrir y cerrar de ojos tuvimos reformas de ley y aforamientos indeseados. ¿Qué hará entonces el PP en el tiempo de legislatura que le queda? Quizá llevar a caballito al viejo rey para que su pierna mala no sufra más daños.
El tiempo duele más cuando hay hambre, cuando hay frío y cuando te sientes totalmente desprotegido por un Estado que, si bien no exagero demasiado, me recuerda a... "Todo para el pueblo pero sin el pueblo". Quien diga que esto es una hipérbole, que me diga si a él o a ella le preguntaron si quería a Felipe VI como rey.
Ya no sólo es cuestión de dinero o legitimidad de una Monarquía rancia, es cuestión de hacer el paripé, votar un contundente "No a la Monarquía parlamentaria" y luego manipular lo resultados, total, nuestro Padre Estado aún cree que somos pequeños y lo que decimos es sólo fruto de la mala influencia de nuestra amiga imaginaria llamada Libertad y, para quitarnos ilusiones de la cabeza, nos contrata a una excelente psicóloga, Doña Corrupción.


miércoles, 10 de septiembre de 2014

Vuelta al mundo con señores de bigote.

Siempre que escucho el término “globalización”, mi mente infantilizada no puede evitar pensar en un enorme globo aerostático de colores volando alrededor del mundo con unos señores de sombrero y gabardina en su interior. Lo cierto es que no está muy lejos de la realidad mi visión onírica de la palabra ya que, en realidad, la globalización se centra en el fortalecimiento de unos pocos (señores dentro del globo aerostático) por encima de la población total que pisa la tierra como si de verdad fueran sus dueños.
Nos encontramos, pues, con que los señores del sombrero que vuelan por encima de nuestras cabezas van soltando caramelos a nuestro suelo que nosotros recogemos con entusiasmo, jovialidad y entrega. Un día, por ejemplo, nos sueltan que han detectado un brote de gripe porcina (y tú piensas: “uf!”). Al día siguiente dejan caer que ya hay 30 muertos en Latinoamérica por la gripe porcina (y tú piensas: “Dios!”). Después como buenos seductores te lanzan al aire: “Primeros brotes en Europa” (y a ti se te congela la sangre. Te llenas de paranoia). Pero tranquilos que al día siguiente se olvida todo porque hubo un terremoto en Tailandia y un tsunami en Cuba.
Es, de esa manera tan delicada, apacible y envolvente que hacen que nuestro cuello esté siempre estirado hacia arriba esperando el siguiente aluvión de caramelos de colores que entretendrán nuestras tardes mientras, a hurtadillas, manejan nuestras dosis diarias de felicidad edulcorada por cifras, datos y números que, de tanto comerlos, pierden sabor e interés; de ahí que, ciudadanos bajo un régimen de censura dictatorial no sabe o no quiere saber que su gobierno es corrupto pero vive feliz en la ignorancia. Y, peor aún, ciudadanos de democracias occidentales  que saben que su gobierno es corrupto miran a los lados buscando, olfateando, revisando y, como no hay caramelos, vuelven a girar hacia arriba esperando ansiosos como los niños en la cabalgata de reyes a que les llegue lo suyo.
Siendo justos, realistas y benévolos, debemos reconocer que la “globalización” nos ha unido, nos ha llenado de esperanza al conocer mundo, al contactar con personas del otro lado del planeta en cuestión de segundos y, sobre todo, nos llena de miles de posibilidades al tener la información en la palma de la mano pero, como todos los niños golosos, nos comemos las chuches con avaricia, a bocados y sin compartir ni degustar provocando indigestiones, flatulencias y retortijones.

lunes, 11 de agosto de 2014

Shock postvacacional.

Me doy cuenta de lo extraordinariamente ilusa que soy cuando seguí, aunque con cierta apatía, la coronación del nuevo Rey; creo que una parte, esa pequeña fracción compuesta por átomos utópicos e ineficaces de fe y esperanza, esperaba que, ya que teníamos que tener un nuevo Rey, cometiera alguna heroicidad irreconocible en tiempos de guerra pasiva tal y como los que vivimos ahora. Creo que esa nimia parte de mí aún conserva la descreída y burlada confianza de que todo mejorará. Pero, sin duda, te despiertas una mañana, abres el periódico de turno y te encuentras con que el Estrecho de Gibraltar vive la oleada de pateras más numerosa desde 2010 con 231 subsaharianos intentando besar el suelo europeo y piensas… “Vale, todo sigue igual de turbio, preocupante y huérfano”.
Esa misma mañana decides con criterio y aceptación que algo tiene que cambiar, que si no es el mundo el que cambia, tú harás que el mundo cambie y pasas a la siguiente página del mismo periódico y te topas con que uno de los servicios más solicitados en los hoteles son los psicólogos para perros y, una vez más se te ilumina la bombilla y vislumbras que el mundo está loco; pero no de esa locura que te hace ver elefantes dentro de boas constrictor, no. De esa locura que te hace señalar con el dedo a quien juzgas sin compasión o de esa misma locura que hace llamar “rescate” a la captura de las pateras ilegales que atracan en el territorio español. La palabra “rescate” así como “por el crecimiento del país”, “recortes” y otros eufemismos son como los parches de nicotina, calman la necesidad de control y poder sobre el pueblo pero no sacian el deseo y el placer de los mismos.
Estamos subordinados a las palabras bonitas, biensonantes y literarias que decoran y edulcoran la realidad putrefacta cual defecación con un desafiante moño de fiesta y perfumado por litros de Calvin Klein.
No nos equivoquemos, no compremos la verdad por ser vendida como tal, no caigamos en la estafa del paquete chileno porque siempre habrá alguien más listo que nosotros, sólo sé precavido e incluso curioso, abre el envoltorio y descubre el fajo de recortes de periódicos tan elaborados, ilegibles y engañosos como el propio periódico.
Pero lo siento, la verdad ya está comprada y, como decía antes, alguien más listo que tú ya la tiene en su poder, así que, como todo lo que en el mundo está monopolizado, habrá que conseguirla de forma ilegal, que es como mejor saben las cosas.


miércoles, 9 de julio de 2014

No seré

No quiero envejecer. Me niego en redondo a dejar de ver un cordero dentro de una caja mal dibujada. Me niego de lleno a no creer que el asteroide B 612 existe. Me niego a ser de las que dicen: "hay que ver para creer". Afirmar que son los angelitos los que hacen pis y por eso llueve no forma parte de la inmadurez, de la inocencia, de la inconsciencia. Creer que los truenos son los rugidos enfadados de Zeus te diferencia del 99% de los seres humanos que entregan a su raciocinio el control absoluto de sus pisadas sobre el pantano pidiendo a la densidad del mismo que no deje que sus cuerpos se hundan en el irremediable vómito de un derrumbe al pie de la carretera. Las arenas movedizas son sólo cuestión de fe, de no moverse y esperar a que llegue el elefante de turno a rescatarte con su larga y generosa trompa. 
No quiero ver los Polos derretirse y decir que es una consecuencia normal debido al desarrollo positivo de la sociedad; no quiero ver cantidades desorbitadas de animales muertos para el consumo exagerado de los humanos y decir que para eso nacieron; no quiero hablar de política y que automáticamente se compare con corrupción; me niego a pensar que el amor no existe, a verlo como una simple transacción burocrática; me niego a simplificar el mundo y sus maravillas a un asunto meramente numérico, vacuo o económico. Me niego a ser grande si eso significa dejar de saltar sobre los charcos, dejar de besar bajo la lluvia porque se encrespe el pelo o dejar de imitar el humo del cigarrillo con el vaho de las tardes frías y lluviosas. 
Rechazo ser adulta si tengo que sincronizar mi felicidad a la cantidad de monedas que hay en mi cuenta bancaria o si tengo que agachar la cabeza y empezar a elegir entre lo menos malo o, peor aún, si tengo que dejarme en manos de la razón que es capaz de justificar hasta los hechos más malvados y atroces.
Reniego de la adultez si es significado de hipocresía, de sonrisas vendidas y compradas, de charlas falaces, de ambiciones sin vergüenza, de besos obligados, de apretones de mano con el puñal a la espalda, de corbatas asfixiantes, de tacones insoportables, del amarillo de los dedos por culpa del cigarrillo diario, de decisiones por presión social o familiar, de protocolos sin sentido y de reverencias pactadas. 
Si ser adulta es ser cuadriculada y hablar de la Bolsa y el Ibex... Dios! Seré Niña Perdida para siempre buscando Nunca Jamás.

jueves, 5 de junio de 2014

Payasos amateur.

Existen cuatro tipos de payasos, el Clown, Augusto, Contraugusto y Tony pero, en mi mundo, sin duda, existen cinco si añadimos a la élite política. Tiene gracia cuando pienso en que estoy estudiando exactamente las técnicas y tácticas para hacer reír a los niños, igual que ellos hacen con nosotros, su pueblo, sus protegidos, sus niños... Nunca mejor dicho.
Pero esta quinta clasificación de payasos no contaba con que sus trucos de magia acabarían oliendo a rancio y que la moneda que sacan de detrás de nuestras orejas no salía de sus bolsillos si no directamente de nuestras huchas. Jugaron a ser ilusionistas basados en nuestra ignorancia e infantilidad, pero crecimos, aprendimos, vimos el conejo dentro de la chistera rota y ajada y cometieron el error de pensar que seguiríamos aplaudiendo sus cortinas de humo.
Los niños crecieron y ahora, poco a poco, dejan sus sofás y sus meriendas en la mesa para salir al parque a gritar que los payasos ya no los entretienen, que las carcajadas que antaño les robaban ya pasaron factura y la deuda de tanta risa falsamente provocada ha dejado en crisis la fe y la esperanza en quien escapaba de las esposas y el agua, de la muerte misma ante nuestras narices.
Ahora, escépticos y en plena ebullición de la adolescencia, esperamos a que le pongan la Nariz Roja, la Corona y el maquillaje al experto de la profesión, claro está, si los adolescentes se lo permitimos y le reímos la gracia.
Presenciamos cómo crecen nuestros músculos y se agrava nuestra voz para frenar con nuestra rebeldía las imposiciones de una élite carente de personalidad y vendida al mejor postor, el dinero y la corrupción. Es el momento de levantar nuestra mirada y dejar que los zurdos equilibren la balanza ya oxidada y totalmente inclinada al centro disfrazado de derecha.

domingo, 18 de mayo de 2014

Abonados al gimnasio.

Ahora ya ni en Twitter tenemos libertad de expresión.
Es gracioso y aterrador ver cómo la muerte de un personaje público remueve las consciencias de nuestros políticos y dan la orden para empezar la caza de brujas a todo aquel incauto o incauta que quiera manifestar su agrado o desagrado con la clase política –es cierto que con muy poco tacto-. Muchos de los mensajes poseen un tono desatinado, pero la esencia de la polémica radica en que, en vez de investigar tantísima corrupción que resulta evidente, se investiga la procedencia de mensajes estúpidos publicados en un país en el que el derecho de expresión es un derecho constitucional.
Los políticos juegan en una liga profesional que no alcanzamos a vislumbrar, que no comprendemos y de la que no participamos pero nosotros mismos pagamos; es tan típico de los seres humanos el estatismo placentero embargado por un halo de soñolencia profundo que no vemos que es como pagar cada mes la cuota del gimnasio y no ir ni siquiera a recoger la ropa del primer y único día que fuiste creyendo tener la fuerza de voluntad necesaria para bajar esos kilos de más. Pagamos las dietas, los viajes y el salario de todos los políticos y, como agradecimiento, nos roban a diestro y siniestro como la niña rebelde que coge dinero a escondidas de sus padres para irse de fiesta todo el fin de semana y encima llegan el domingo a casa pidiendo la paga de la semana para ir al colegio.
Ya ni siquiera estamos en época de convulsión, guerra o levantamiento. Parece que nos hemos acostumbrado tanto a toda la inmundicia que ya nos asomamos a la ventana a ver el espectáculo con palomitas y refresco.
Ya no somos las víctimas, los atropellados, los robados, los acosados ni las personas heridas, ahora somos los cómplices, tan culpables como aquellos que ejecutan el delito. Cómplice yo, cómplice tú. Cómplices todos al girar la cabeza a otro lado cuando 3 de cada 9 personas suicidadas son por causa de la crisis; cuando la cúpula del gobierno presuntamente ha recibido sobre con dinero negro; cuando tantísima gente es desahuciada de sus casas y puestas en la calle sin ninguna contemplación y cuando… Cuando… Cuando…
Cuando dejemos de ser cobardes y hagamos algo más que recurrir a nuestro libertad de expresión a través de una anónima red social podremos ser titulares de esa liga profesional y, por fin, empezaremos a ir al gimnasio diariamente de 7 a 10 de la noche.

viernes, 2 de mayo de 2014

Game Over

He jugado decenas de partidas y he perdido una vida tras otra en los juegos más insospechados como el amor, la amistad, los exámenes tipo test  y Mario Bros, pero, sin duda, la partida en la que más vida pierdo y en la que no consigo avanzar es en el juego del conformismo ante un gobierno cuyo rol es el de mandamás paternalista que vela por el utópico bienestar basado en las premisas equivocadas del bien colectivo y el sacrificio del Jefe o la presencia del liderazgo que requiere una nación tan potente como la que hoy dedicamos un minuto de silencio por un “Game Over” más. Señor Rajoy, me refiero a su Estado, al suyo y de todos pero que usted ha desvirtuado y violado con sus recortes mal trazados y sus falsas esperanzas de un paro de descenso. No se preocupe, le guardamos el secreto de que en realidad el paro “desciende” por los pésimos contratos por horas y la brevísima temporalidad que ayudan a su disminución adulterada cual cortina de humo en un acto de ocultismo con los mejores magos y charlatanes de la actualidad.
Y en este juego de “yo digo”, “yo afirmo” al que juegan nuestros dirigentes, se les ocurre dar datos escandalosos del paro el día de la semifinal de la Liga de Campeones porque claro, así los hongos y las tortugas siguen su trayectoria en medio del mundo en el que les tocó morir aplastados por el gemelo malvado de Luigi.
Y si estas noticias nos las dan en días señalados para que no le prestemos demasiada atención… ¿Qué nos irán a decir el día de la final de la Champions o el día del comienzo del Mundial de Fútbol? Es una constante expectativa tan previsible como cuando el asesino te persigue para matarte en una película de terror barata y sabes que te acabarás tropezando y cayendo al suelo justo antes de llegar al sitio en el que puedes salvar tu vida.


viernes, 18 de abril de 2014

Nuestro propio cielo.

Cuando pensamos en las letras, libros y magia, nuestra mente vaga inconstante entre lo incomprensible y real; esa mezcla ficticia de lo que soñamos y lo que tenemos. Recontamos nuestras metas cumplidas y todo lo que aún nos queda por catar, por degustar, por sentir y por palpar. Descubrimos con pesar que somos más del mañana nonato que del presente virgen y necesitado de nuestras caricias y lleno de abandono. Buscamos con codicia tocar con la punta de los dedos El Dorado sin saber ver que El Dorado está ya en la yema de nuestros dedos, en el límite espacial del sonido de nuestra voz y el alcance de las letras que fluyen incontenibles de nuestra mente vaga e inconstante.
Soñamos los sueños de otros y nos enfrascamos en nuestra propia Torre de Marfil a adorar falsos dioses sin percatarnos de que esas divinidades no son las nuestras, nos refugiamos en lo ya creado por otros por el miedo a lo desconocido, a lo nuevo, a lo que nuestra mente puede parir sin ayuda, sin el otro óvulo o el otro esperma y sentimos la imposición de soltar nuestra larga cabellera por la ventana para que nos rescaten de nuestra propia ingravidez.
Abortamos presentes y desperdiciamos futuros. Nos hemos hecho dependientes y vinculamos nuestro “ser” a expensas de lo reglamentado por dictadores ilegítimos a los que obedecemos sin rechistar porque... ¡Ay de quien se subleve contra el capitán Garfio!.
Soñemos nuestros sueños o nuestras pesadillas. Nuestros.  Tan nuestro como nuestros miedos o nuestros triunfos. Nuestro hoy y nuestro mañana. Y, aunque de tanto repetir la palabra “nuestro” pierda significado, aunque suene mal o sin sentido, será nuestro, como nuestra cama porque no hay nada como dormir en nuestra propia cama.

viernes, 4 de abril de 2014

¿Confusión?

Estoy empezando a sentir una profunda y fuerte admiración por la ironía y el sarcasmo. Considero que son el elemento clave, vital y el “pan de cada día” de las personas con recursos, con talento, con una mente amplia capaz de albergar la maldad y mostrarla como bondad pura.
No confundamos la valiosísima capacidad del sarcasmo con la vil y baja mentira. Para distinguirlo haremos un pequeño ejercicio de reflexión básico y sencillo: Pensemos en Esperanza Aguirre, la presidenta del PP en Madrd, expresidenta de la Comunidad de Madrid; aparca mal en plena Gran Vía y cuando la van a multar se da a la fuga y en el proceso tira al suelo una moto de uno de los policías. Ella dice que no desobedeció a las órdenes de los policías, que no tiró la moto por escapar y que no se fue antes de que le hicieran la multa. Bien, esto es una mentira.
Por otro lado, tenemos un intento de engaño y falsedad que se queda cojeando entre la falacia y el registro estadístico: el paro ha descendido. Es cierto, es real. Esto colisiona inexorablemente con el dato de que la pobreza laboral crece y crece sin techo, sin límite. Entonces, el paro desciende pero a pesar de tener trabajo, no alcanzamos a llegar a final de mes. El paro desciende y la pobreza aumenta: falacia de mejora del país basada en un registro estadístico que se opone a la verdad latente de pobreza infantil (segundos después de Rumanía).
Por último tenemos la ironía… Ojalá pudiera hacer un esbozo claro de lo que es el sarcasmo, pero entre tanta aseveración que nos regalan nuestros gobernantes se me ha atrofiado la capacidad de reacción, me he saturado con tanta sonrisa de Mona Lisa y tanta mejora y crecimiento económico me apabulla, me devuelve la fe en el Estado, me deja extasiada. Aunque seguro que con la nueva ley de educación de Wert recupero mis habilidades, despierto, espabilo y aprendo a aplicar los conocimientos teóricos a la vida práctica como lo desvela el Informe PISA.