lunes, 5 de junio de 2017

Paranoia de la incredulidad.

Existe un problema en la actualidad que resulta cada vez más difícil de sosegar: la incredulidad. Que no falta de fe, no, incredulidad. En esta se afianza la permanencia de hábitos dañinos que hacen imposible que la sociedad se percate de sus carencias envueltos por la arrogancia.
Caminamos por la vida como si el suelo nos perteneciera y olvidamos que es efímero, que los pies son prestados y que quizá este suelo no esté ahí cuando nos despertemos y no precisamente por las obras. Tenemos una serie de afirmaciones arraigadas en la mente del ciudadano 2.0 que nos hace incrédulos ante nuestros errores del “pasado”.
Racismo, machismo, desigualdad, homofobia se camuflan en la espiral del silencio que empuja a decir lo políticamente correcto bajo la frase: “en pleno siglo XXI…”. Sí, en pleno siglo XXI se cree que la homosexualidad es una enfermedad, que la mujer pertenece al hombre y que existen razas superiores. Sí, el techo de cristal para la mujer es real, no un mito como el de Prometeo y sí, “en pleno siglo XXI”.
La soberbia del ciudadano 2.0 ha restado importancia a los problemas mentales del individuo que  hace bullying, que mata a personas en nombre de un dios (¿Dios?) y que maltrata física y psíquicamente a su pareja ya sea hombre, mujer, trans, ¿qué más da? Humano al fin y al cabo con personalidad jurídica.  
Los problemas superficiales han cambiado, ahora nos desvelamos pensando en las pensiones, en el IBEX, en el último Smartphone, en si hay vida en Marte o vida más allá de la Vía Láctea, en las aplicaciones para ligar, en los likes, followers, tendencias actuales, virales…La hipercomunicación y globalización nos ha banalizado, masificado y cosificado como targets, es decir, actualizado al ciudadano en su versión 2.0 con su “tecnoestrés” correspondiente.
Se nos olvidó que la axiología que mueve al ser humano no se debe actualizar si el objetivo no es el bienestar, la felicidad y la justicia; sí, esas ñoñerías de las que algunos hablan.
En el panorama mundial, este nuevo ciudadano se extiende y asienta en un sector de la población que ha empezado su fase beta del ciudadano 3.0 que obvió algo de vital importancia: la deontología profesional, o peor, no la conoce. Y esparce con alevosía su falta de humanidad, empatía y asertividad. Si no sabe de qué le hablo, sólo mire a ciertos mandatarios de la clase política porque la incredulidad del ciudadano 2.0 a la existencia de mentalidades que votaran a Trump ha hecho que sea él el protagonista gran parte de los dolores de cabeza de la humanidad.
Pese a esta incredulidad en el mantenimiento de comportamientos dañinos y lesivos en el modelo de sociedad avanzada y global, el número de asesinatos de personas a manos de sus parejas, el número de suicidios por bullying o el alto número de reclutados por terroristas no para de crecer; es el modo que tiene el ser humano de pedir auxilio de la misma manera en la que la Tierra se derrite pidiendo ayuda un ciudadano 2.0 que se ha olvidado de sí mismo y de lo que en realidad importa.


viernes, 17 de febrero de 2017

Turnos.


El tiempo, lejos de afianzar tu fe, te la roba, te la quita, te la absorbe y te deja perplejo y con un eco en tu cerebro que te repite una y mil veces que fuiste una obcecada paciente a la que nunca le llegó el turno.
Esperas y esperas mientras sonríes a los lados con la mirada tímida de quién no cree que aún siga ahí.
Sonríes y esperas sin darte cuenta de que todos a tu alrededor sonríen esperando lo mismo que tú, perdiendo la fe pero manteniéndose aferrados a algo mucho más endeble, a la esperanza.
Abandonas la certeza de lo que sucederá por la posibilidad de que suceda y ahora sonríes con las ganas de quien se siente libre, de quien acepta su realidad basada en posibilidades (¿probabilidades?).
Despiertas de tu ensoñación, respiras profundo y abres los ojos enfocando lo que tienes delante y te topas con la sorpresa de lo poco probable cuando tienes la imagen real de dos ancianos sentados, distraídos, enfurruñados y luego sonrientes que me desvela que el tiempo es la alfombra que pisas descalzo sin temor a cortarte porque aunque esté ajado, descolorido y le falten pedazos; es tuyo, es tu tapiz, es tu suelo, tu margen y, sin duda, tú decides con quién malgastarlo o con quién abrazarlo repitiéndole que no se preocupe, que ya no esperas, que sólo vives.
Miras esa pareja con la preocupación de una pregunta sin responder: ¿cómo han llegado hasta ahí juntos? Y fórmulas esa misma pregunta de mil maneras diferentes buscando una respuesta fácil hasta que te das cuenta de que nunca dejará de ser una pregunta retórica. Sólo son, sólo están, sólo aman sin verdades universales, sin confianzas ciegas, sin certezas; con los bolsillos llenos de tiempo perdido, de deseos que nunca fueron, de sueños sin cumplir, es decir, llenos de vida, de amor, de esperanza. Juntos.
Es entonces cuando te das cuenta de que el tiempo son arrugas, canas, roces, secretos, turnos, esperas, continuos “y si…”, continuas pérdidas pero, sobre todo, continuos hallazgos.



viernes, 10 de junio de 2016

Ella.

Y ahí estaba ella, sola, suspendida, atada, enredada en sí misma, acalorada, dorada y entera. La realidad se acercaba peligrosamente, como cada noche, a medida que la luz del sol se iba y era ella la que tenía que cargar con todo el peso de la luminiscencia, de ser estrella polar, de alumbrar a los distraídos transeúntes que, sin ella, se ahogarían en la más profunda, oscura, densa y cálida tiniebla.
Está puesta al azar por una mano invisible que se empeña en demostrarle que ella no es nadie, no es nada sin su generosidad. Está sujeta por un cable que se esmera en decirle de mil maneras que su brillantez es prestada y que debe pagarla con obediencia. 
Su destello amarillento y cansado se debate presuroso en el umbral de una ventana abierta al mundo, una ventana que, en realidad, es puerta hacia el mundo, hacia la luz natural del sol, hacia la verdad.
Está en el centro, desnuda, sin escudo, sin mentiras, sin paracaídas, sin red. Está sola y suspendida en su umbral, con la decepcionante sensación de no ser libre, de no poder dejar de ser el centro de atención y no poder apagarse a su voluntad cuando pasa un loco caminante a su lado para reírse de su caída al no ver el desnivel del suelo y no poder encenderse cuando pasa una coqueta señorita para presumir de su fulgor.
Está cansada de no poder zafarse de los hilos que la atrapan y que deciden por ella como si fuera una marioneta de la electricidad. Mientras la encienden y la apagan se retrotrae y divierte con su propio alcance y con el juego de luces y sombras que es capaz de crear a su alrededor; con las figuras que nacen cuando es movida por el viento también en contra de su voluntad.
Pasan las horas, los días, las semanas y las estaciones y ella sigue ahí, estática, siendo usada y sintiéndose ajena de sí misma, alienada de su propia naturaleza, viendo el mundo de luz frente a ella y la oscuridad y la penumbra que hay a sus espaldas. Está condenada a estar en medio, a ver, a contemplar, a jugar, a desviar, a ser poderosa pero a no gobernar sobre sí misma, a tomar las decisiones que le dejan tomar, a moverse cuando se lo permiten y a llenarse del polvo de la calle que le acaricia su superficie lisa, fuerte y delicada.
Aguanta, lucha y se exige hasta que un día, sólo un día, en un momento de valentía y cobardía a la vez que sólo puede provenir de su vida de contrastes, matices y contrariedades decide “impresionar”, consumirse hacia dentro, hacia sus entrañas y dejar de ser, dejar de existir, de encenderse cuando se lo ordenan, de iluminar sólo cuando se lo permiten y se atreve a tomar la única sentencia que nadie, absolutamente nadie le puede arrebatar: desconectarse, hundirse y apagarse para todos, para ella, para siempre. 

viernes, 27 de mayo de 2016

Re-tomar o arrastrarse por el suelo.

Llevaba tanto tiempo sin ponerme delante de la temida “hoja en blanco” que había olvidado totalmente la enorme sensación de vacío, de vértigo y de inquietud que se siente al tocar su borde; al poner un pie en el aire mientras el otro se aferra a lo único que le queda, un trozo de tierra, un trozo de papel.
Cada día que pasaba y eludía mi responsabilidad conmigo misma hacia mis propias pasiones me preguntaba: “¿Por qué?”. Por… ¿Pereza? ¿Pérdida de fe? Si era pérdida de fe, ¿En qué? ¿En mí? ¿En la humanidad o en lo que veo en ella? ¿Por amor? ¿Desamor?
Uno de los tantos días, de hace muchos días, abrí los ojos y lo vi, vi el motivo, lo palpé.
Era yo. Siempre he sido yo, siempre seré sólo yo.
Las excusas ya no me valían, ya no tenía a quién más echarle la culpa, ya no tenía más preguntas porque ya no buscaba esconderme, huir o refugiarme. Nunca he sido cobarde pero estaba degustando esa amarga sensación que era tan desconocida, que no comprendía, esa sensación de la que no alcanzaba a imaginar su poder, su grandeza, su avaricia, su maldad, su maldición…
Y aquí estoy, siendo pequeña delante de una colosal “hoja en blanco”, siendo tan cobarde como cualquiera pero tan terca y cabezota como ninguna.
Y aquí estoy, hablando de lo que no sé pero amo; de lo que deseo pero temo; de lo que anhelo pero huyo; de lo que, sin sentido, persigo.
He vuelto para quedarme porque lejos de mi amada “hoja en blanco” me pierdo, me desconozco, me encierro y me convierto en quien no soy; en un reflejo de mí que se desvanece en el aire, que se escapa entre los dedos. No me gusta lo volátil pero me fascina derretirme en la boca y en los labios de quien me absorbe sin que yo lo sepa, de  quien me cubre con sus ojos, quien me deja fundirme en su lengua o, incluso, quien me desprecia y me odia sin que yo pueda saberlo nunca.  
Creo que no hay nada más complicado para el ego de una persona que la indiferencia, que la mirada que resbala por un cuerpo sin emoción, sin despertar nada. La nada.
Todo el mundo escribe, todo el mundo canta, corre, dibuja, sueña… Pero no por eso se les llama escritor, cantante, runner, ilustrador o soñador… A alguien que corre sólo le hace falta constancia, unas zapatillas del Decathlon y una pista para ser runner, pero a alguien que dibuja le hace falta alma, musa, tacto y pulso para ser un ilustrador. ¿Dónde se compra el alma? ¿Dónde se compra a una musa y de dónde vienen las líneas perfectas llenas de vida para ser un dibujante? Qué difícil tener algo cuando no lo puedes comprar, cuando no tiene precio. Qué difícil es amar con el alma a la “hoja en blanco” que te mira con desprecio, que se ríe en tu cara, que te pone la zancadilla y que sabe que con un solo “clic” te puede abandonar.
Qué difícil se siente sabiendo que se es una letra, una pequeña mancha, un borrón que tiene que convertirse en el más hermoso vestido de la orgullosa, tímida e inocente “hoja en blanco”.

domingo, 27 de diciembre de 2015

De colores.

Se acercaba el 20D, se acercaba el día en el que España enviaría misivas al gobierno diciendo quién quería que fuera el próximo Jefe de Gobierno, quién sería el siguiente a criticar a través de Twitter y Facebook. ¿No estábamos nerviosos? Yo sí. No sabría de qué color estaría pintado el gobierno o, si peor aún, habría una coalición de colores como la bandera del orgullo gay. 
Estaba nerviosa y podía palparlo en el ambiente, las encuestas cocinadas en tiempo récord y mal aliñadas disponían un terreno incierto y auguraban complejidades. Pero creo que nadie contaba con que Podemos remontara de esa manera hasta acercarse peligrosamente al PSOE; no podíamos estar seguros de que la apuesta de Ciudadanos se estrellaría después de ser uno de los grandes favoritos y creo que la actual propuesta de Rajoy a pactar con Sánchez nos deja claro que el gobierno ahora mismo es como una bomba de relojería que todos creen saber cómo  desactivar pero que nadie sabe dónde está.  
En el periódico el Mundo me tropecé con la imagen que adjunto al lado y no pude evitar sonreír.  Todos quieren el poder porque sólo hay una cosa más importante que el dinero, el poder.  Todos se pelean por ser el favorito, por coronarse y añadir a su curriculum 4 años de presidencia del Estado o con suerte 8. Todos afirman tener la solución a nuestros problemas, a las pensiones bajas, a la inmigración, al desempleo, al abandono escolar, a la violencia de género, a la corrupción… Pero curiosamente nadie dice nada de la ley del menor, ninguno quiere “mancharse” las manos hablando de que si un niño de 13 años mata a su profesor debe ir a la cárcel o de que si otro niño de 15 años viola a una bebé debe permanecer encerrado hasta que su mente insana se arregle entre los barrotes pero ese tipo de mentes no se sana, no se cura, no se reinserta en la sociedad. Nadie quiere hablar de ello. 
Ahora la prioridad es desenrollar la confluencia de poder que se les estampa contra la cara y que el diálogo pretende encausar. El diálogo… Que me pregunto yo: si todos quieren lo mejor para el pueblo porque conocen a la perfección las necesidades de sus gobernados, ¿por qué no llegan a ningún acuerdo? Claro… El poder. Todos quieren lo mejor para nosotros pero sin soltar el poder porque… ¿Qué sería de Rajoy sin su cargo? Sólo sería una Soraya, una vicepresidenta.
Con la misma incertidumbre que esperaba el 20D ahora espero los siguientes meses de “diálogo” y de paripé hasta que “por el bien del Estado” se unan o pacten creando un gobierno debilucho o hasta que se resignen y convoquen unas nuevas elecciones y vuelta a empezar. 

martes, 6 de octubre de 2015

Elotoño

 
No digo que el otoño no llegue para demostrarnos que no todo en la vida es playa, piscina, cerveza y dormir hasta tarde. No digo que no sea la parte realista de las cuatro estaciones, porque lo es. El otoño nos devuelve a la vida, nos lleva a la madurez y a la responsabilidad de crecer y de ser parte del conjunto informe de las masas que se mueven cada mañana en el metro y se da codazos para entrar el primero o salir desesperadamente en busca de oxígeno después de 20 minutos de "enlatamiento" obligatorio. El otoño nos trae lluvias, frío, clases, trabajo y... Elecciones. 
El otoño nos trae un conjunto variopinto de representantes de la élite política, es como la cigüeña de la política, llega con él el maravilloso Mas con su ideario nacionalista rancio y carente de sentido pero también nos trae a Rajoy que vende a Antena 3 "La Entrevista" pero que al final solo acabó dando la fecha de las elecciones generales. Elecciones que por poco se atragantan con las uvas. Pobre, no quiere abandonar su puesto como Jefe de Gobierno, es como quien dobla poco a poco la pasta de dientes para apurarla al máximo hasta hacer un pequeño caracol. 
Con el otoño los árboles cambian de traje y los chaqueteros también. Es momento de ir cogiendo rumbo hacia el mejor postor, de coquetear y venderte. PSOE y Ciudadanos se hacen ojitos, Podemos le tira los tejos a Izquierda Unida (¿O era al revés?) y PP... El PP se engalana y va de lobo solitario porque Él lo vale de L' Oréal. La arena política está viviendo el Gran Hermano en el que todos quieren con todos, hacen "edredoning" y luego van al Súper (nosotros) a "confesarse" buscando ganar votos "siendo sinceros" para llegar a la final... Y ganar. Es decir, es un juego, un Juego de Tronos con todo y drama. 
Me encanta el otoño, me apasiona que la hermana del Rey se siente ante un tribunal a hablar (decorar) sus trapicheos económicos o que Rajoy diga que el independentismo Catalán no es preocupante. Para sobrevivir en un mundo de locos, hay que estar un poco loco. Así que bailemos aunque no haya música y votemos aunque no haya buenos líderes.  

domingo, 30 de agosto de 2015

Levedad.

Esa mañana se despertó y allí estaba: blanca, pálida y con ojeras. Se vio a sí misma, por fin, clara y transparente, con la verdad ante sus ojos como la nitidez que palpa al ponerse las gafas o la precisión de las arrugas de sus manos. Comprendió que el claroscuro no es el gris, que es la guerra y la muerte paulatina de la claridad ante las fauces de las tinieblas. 
Allí estaba ella, sola en su casa de una habitación y un baño-cocina en el centro de la ciudad. Con las manos apoyadas en el lavamanos y las puntas de los dedos blancos al agarrar con fuerza el húmedo mármol; de pie, tosca y confusa pero libre. Jugó con sus ojos a llevarlos de un rincón a otro de su cara. Tenía treinta años y era libre. 
Recordó la noche anterior y sintió el gusto del vino amargo en su boca, su ceño fruncido denotaba la inconformidad de su pelo enmarañado y el latir de su corazón esquivo, ajeno a ella. 
Era miércoles, tenía treinta años y se sentía libre. Libre de ella. Ya no la verían más en su trabajo;  era libre de sus "buenos días" y de sus "¿quieres comer conmigo?". 
Cinco años de relación oculta que se iban por el desagüe al abrir el grifo y al soltar el lavamanos y dejar que la sangre fluyera por sus dedos. Se echó el agua fría con las manos temblorosas para que los restos de maquillaje, fundidos con lágrimas, se perdieran en la alcantarilla como se pierde el sonido en el espacio.

lunes, 24 de agosto de 2015

Sin ensayos.



Infieles. Nos va la infidelidad, nos apasiona el engaño. Somos inconformistas por naturaleza y siempre buscamos lo mejor para nosotros ya sea libre o ajeno... 
Nos va el morbo de coquetear con la mujer del prójimo y si no, que se lo digan a nuestra élite política que regala pactos con partidos políticos con los que juraron no aliarse seducidos por sus esposas-poder-dinero.
Seducimos y nos dejamos seducir porque desde que nacemos hasta que morimos estamos total e irrefrenablemente condicionados a buscar el agrado en la sonrisa, falsa o hipócrita, de las personas que tenemos al rededor. Somos egoístas porque nuestra ley primera es auto satisfacernos. Los actos  altruistas se difuminan ante nuestro innato instinto de supervivencia. 
Sobrevivir a base de artimañas creativas  como hurtar sin descaro, mentir con perspicacia, maquillar sin pudor y hacer recortes con dinero ajeno. 
Sobrevivimos siguiendo a rajatabla la cadena trófica en donde  la cúspide está llena de la más maravillosa creación de -a rellenar por la creencia teológica individual- : el Ser Humano.
Servimos a destajo para ser felices a toda costa y entre nosotros mismos nos peleamos por estar cada vez más arriba de esa cúspide. No debes fiarte de la sonrisa atenta de quien te escucha con pasión porque bajo su brazo tendrá un libro titulado Cómo influir en los demás. Infieles, corruptos y manipuladores. 
Pero todo cambia cuando la ves, cuando la sonrisa no es ensayada frente al espejo si no que brota de la más natural de las cavidades del pecho; cuando extiende una mano no para recibir si no para regalar; cuando las palabras dichas por sus labios tienen ese acento original y pausado. Todo cambia cuando el anciano te agradece un asiento en el metro con un tierno y tembloroso "gracias"; cuando el bebé te sonríe con la boca manchada de chocolate y te pide más. 
Todo cambia cuando la infidelidad, la malicia y el instinto de supervivencia se convierten en lo que deben ser: adjetivos puntuales propios de animales políticos que existen para que el corazón derretido por el roce de esa piel cobre sentido y haga valer la pena no quedarse inmóvil al borde del camino y te haga volar.  


martes, 4 de agosto de 2015

Volver.


¿Qué debes hacer cuando has perdido a tu musa? ¿Qué debes hacer cuando queda el vacío y las palabras te abandonan y se marchan entre tus dedos como el humo de la barbacoa de tu niñez?. ¿Qué debes hacer cuando las metáforas suenan tan absurdas en tu cabeza que inevitablemente las deseches como el aire viciado al respirar?.
Qué hacer... Qué pensar... Qué decir...
¿Qué debes hacer para retomar la consciencia, que los músculos se destemplen, las manos se abran y pueda circular la sangre?
¿Qué puedo hacer para mirar al frente y retomar la convicción de un "algo" mejor?.
Busco las respuestas en las imágenes que se dibujan en frente de mí, en las texturas que mis dedos alcanzan a rozar, en el gusto dulzón de mi boca al sonreír. Busco la respuesta ajena a mis sentidos, lejos de mí, porque encontrarla me puede llevar a la impetuosa claridad de la rabia y la agonía de un cuerpo sin fe. De un cuerpo que ve, sonríe, besa, ama, odia, juzga y critica. Un cuerpo que lee y refunfuña levantando el brazo en contra de las injusticias pero tan ajeno a la realidad como Rajoy a la política.
Al sentarme frente a la pantalla descubro que el miedo que me imponía un Word en blanco es tan infundado como el miedo a las galletas Oreo. Comprendí que soy esto. Soy una letra junto a otra rozándose pero sin sobreponerse; jugando pero sin perder. Soy una gran catarata de vocablos que se mezclan y entretejen para ser ese mi "algo" mejor. Soy esa gran metáfora, sólida y voluble a la par. Palpable y efímera como el orgasmo. Soy yo, soy frente a ti. Soy las frases que lees y el desagrado que te producen y soy también la entrega con la que te las regalo.
No me hizo falta buscar, me encontré deslizando la yema de los dedos por la pantalla táctil que me acerca a mí, a mi consciencia, a mis músculos distendidos y a la sonrisa fácil que sólo me producen las palabras al caminar solas frente a mí.