lunes, 24 de marzo de 2014

Con sonrisa bonita y bolsillo lleno.

Ya puede ser verano, invierno o mi amado otoño que siempre que cae una gota de lluvia mi corazón se estremece y mis labios se curvan en una sonrisa tan amplia que nace también cuando te miras al espejo desnuda y comprendes que eres tú, en todo tu esplendor.  Sonrisa que sólo puede ser reflejo de la aceptación, de verte tal y como eres, de no ocultarte y no disimular para encajar.
Es una reflexión sencilla, sin tabúes, nada profunda… Nuestros políticos la conocen bien y por eso son capaces de mirarse al espejo, sonreír y creerse su propia mentira. Por eso son capaces de mirarnos a los ojos y decirnos que España va en progreso, va saliendo de la crisis –“Los datos lo confirman”- dicen. Y sí… Los datos confirman que las grandes empresas cotizan en bolsa, compran y venden ajenas a conciencia de que el pueblo llano, los obreros y la prole siguen viviendo la misma escasez de siempre o peor, quizá más acentuada porque agotaron las ayudas gubernamentales, porque el IVA sube sin consideración, porque la luz, porque la sanidad, porque la educación, porque todo y porque Rajoy dice que también tiene que mirar su cuenta bancaria a final de mes. ¿En serio, Sr Presidente, que no llega a fin de mes?.
Pero no nos preocupemos, sé que nuestros ministros hacen todo lo posible por sacarnos de esta, no estamos solos y por eso el Ministerio de Interior le pagó, con dinero del Estado, la peregrinación a 13 guardias civiles a Francia a visitar el santuario de Lourdes. Es un acto benévolo y  bienintencionado a pesar de que España es un país aconfesional constitucionalmente pero si de ello depende que decenas de niños coman en los comedores o que se den las retrasadas becas a los estudiantes… No pasa nada, es decir, seguro que el pago divino por tan noble acto de fe está al caer y la acentuada pobreza de miles de familias será un cuento del pasado, tan obsoleto como la libertad de las mujeres a abortar cuando no quieran ser madres. España sigue siendo un país de viejos con viejas costumbres, viejos prejuicios y viejas mañas.

lunes, 10 de marzo de 2014

Sin filtros ni porqués.

Han pasado meses desde que decidí dejar la inseguridad y empezar a editarme, a reescribirme, a pensarme. Han pasado meses desde que decidí que un Word en blanco no era tan escalofriante ni tan imponente que es sólo una pantalla, un teclado, unos dedos y una persona tan real y humana delante del fragmento blanco que, de tan común, resulta intrigante.
Después de tantas y tantas reflexiones, enfados, indignaciones, frustraciones y miles de titubeos, me doy cuenta de que sigo siendo la misma descentrada, terca y soñadora que escribió el primer texto.  Han pasado los meses y afirmo que mis quejas toman forma, toman conciencia, toman cuerpo palpable y tan visible que ya no puedo decir que lo esencial es invisible a los ojos; todo es tangible y en mis pupilas se desmarcan las sonrisas, las miradas, las hojas caer, los odios, los amores, las amistades y los parpadeos del muñequito verde titilando sin tregua anunciando que el semáforo cambiará a rojo. Pasa el tiempo y la sangre circula por mis venas dejando huella en mi recuerdo, en mis entrañas, en mi sien y en la yema de mis dedos. 
Las arrugas se profundizan y las risas toma colores antes inimaginables capaces de ser estridentes y sobreponerse a cualquier lágrima, a cualquier discusión, a mí.  Segundo a segundo me materializo en una constante ebullición de pensamientos seguros, ciertos, fiables, pintados y delimitados por el mismísimo tiempo que antes era mi enemigo y ahora es mi aliado, tan cercano y afable, tan implacable y contundente que me exige compromiso, madurez y espacio.
Han pasado meses desde mi primer texto y es ahora cuando experimento la agradable sensación de los dedos rozando las teclas sin censura, sin control, sin límite ni filtros. Sólo yo conmigo misma, con un pensamiento vago e insistente que se clava en mis sesos deseando ser engendrado y dado a luz en forma de pretextos válidos para generar un nuevo capítulo en un lunes tan vivo, eficaz y sensato como un miércoles, un jueves o un deseado domingo.
El tiempo ya no es mi enemigo, me planto ante él, lo miro a los ojos, le sonrío y lo invito a bailar conmigo a mi ritmo, a mi paso, a mi tempo.
Ni el tiempo, ni la inseguridad, ni el Word en blanco, ni las hojas caídas de un otoño, ni mi color marrón, ni sus excusas baratas. Sólo yo, el teclado, las ganas, la fe, la esperanza, la ilusión y la certeza de que algún día seré algo más que una persona frente a un teclado.

lunes, 3 de marzo de 2014

Tan fácil como abrir los labios y gritar.

Una vez más, compruebo que la realidad está compuesta por las partes de una obra de ficción que, al juntarlas, parecen tan soberanamente increíbles que no te queda de otra que aceptarlo como verídico, que jugar a su juego, que acatar sus reglas.
Pasan los días y el tiempo se enseñorea quisquilloso entronándose como el rey de nuestras sonrisas, como el cleptómano de nuestra tranquilidad y el indeseado de nuestra juventud. El tiempo, al igual que la realidad viajan tan juntos que condicionan nuestras pisadas, dibujan cuadros de paisajes oníricos y se revuelcan en su propio fango creando un corto de temática gore y sado tan usual que, una vez más, aceptamos como real y única.
La realidad nos aplasta y oprime a través de golpes certeros e invisibles disfrazados de lágrimas, de desengaños, de falsedades, de desplantes y giros de miradas; nos ralentiza dejándonos tan vacíos y tan llenos de nada que se hace imposible levantar la cabeza para gritar que estamos colmados de cientos de chistes, de victorias, de insensateces tan cuerdas que pueden plagar las historias de otros de miles de palpitaciones.
El tiempo se jacta de seguridad al quitarnos la capacidad de decisión, de aplaudir riesgos, de conocer y conocernos, de crear y de crearnos a nosotros mismos como el mejor de nuestros proyectos, el mejor de nuestros logros y el más grande de nuestros regalos.
- Ya estoy muy viejo. – No tengo tiempo. – A ver si puedo… Si las conoces, son las típicas frases del tiempo y de la realidad que se agolpan indecentes en nuestra frente para nublar la capacidad  de reacción ante la mínima oportunidad de ser felices. No tengas miedo.
A lo largo del tiempo recabamos todas las herramientas para ser capaces de avanzar, de propasarnos y tontear con la incapacidad que genera el miedo a no tener miedo, a no temer a una multa, a un pelota de goma o a un chorro de agua. Sabemos seducir al miedo y cautivarlo. Sabemos pedir lo que necesitamos y  sabemos recuperar lo que perdimos. Sabemos decirle al tiempo que hacemos con él lo que nos plazca y sabemos vivir la realidad como queremos vivirla.
No es cuestión de saber, es cuestión de querer.