domingo, 27 de diciembre de 2015

De colores.

Se acercaba el 20D, se acercaba el día en el que España enviaría misivas al gobierno diciendo quién quería que fuera el próximo Jefe de Gobierno, quién sería el siguiente a criticar a través de Twitter y Facebook. ¿No estábamos nerviosos? Yo sí. No sabría de qué color estaría pintado el gobierno o, si peor aún, habría una coalición de colores como la bandera del orgullo gay. 
Estaba nerviosa y podía palparlo en el ambiente, las encuestas cocinadas en tiempo récord y mal aliñadas disponían un terreno incierto y auguraban complejidades. Pero creo que nadie contaba con que Podemos remontara de esa manera hasta acercarse peligrosamente al PSOE; no podíamos estar seguros de que la apuesta de Ciudadanos se estrellaría después de ser uno de los grandes favoritos y creo que la actual propuesta de Rajoy a pactar con Sánchez nos deja claro que el gobierno ahora mismo es como una bomba de relojería que todos creen saber cómo  desactivar pero que nadie sabe dónde está.  
En el periódico el Mundo me tropecé con la imagen que adjunto al lado y no pude evitar sonreír.  Todos quieren el poder porque sólo hay una cosa más importante que el dinero, el poder.  Todos se pelean por ser el favorito, por coronarse y añadir a su curriculum 4 años de presidencia del Estado o con suerte 8. Todos afirman tener la solución a nuestros problemas, a las pensiones bajas, a la inmigración, al desempleo, al abandono escolar, a la violencia de género, a la corrupción… Pero curiosamente nadie dice nada de la ley del menor, ninguno quiere “mancharse” las manos hablando de que si un niño de 13 años mata a su profesor debe ir a la cárcel o de que si otro niño de 15 años viola a una bebé debe permanecer encerrado hasta que su mente insana se arregle entre los barrotes pero ese tipo de mentes no se sana, no se cura, no se reinserta en la sociedad. Nadie quiere hablar de ello. 
Ahora la prioridad es desenrollar la confluencia de poder que se les estampa contra la cara y que el diálogo pretende encausar. El diálogo… Que me pregunto yo: si todos quieren lo mejor para el pueblo porque conocen a la perfección las necesidades de sus gobernados, ¿por qué no llegan a ningún acuerdo? Claro… El poder. Todos quieren lo mejor para nosotros pero sin soltar el poder porque… ¿Qué sería de Rajoy sin su cargo? Sólo sería una Soraya, una vicepresidenta.
Con la misma incertidumbre que esperaba el 20D ahora espero los siguientes meses de “diálogo” y de paripé hasta que “por el bien del Estado” se unan o pacten creando un gobierno debilucho o hasta que se resignen y convoquen unas nuevas elecciones y vuelta a empezar. 

martes, 6 de octubre de 2015

Elotoño

 
No digo que el otoño no llegue para demostrarnos que no todo en la vida es playa, piscina, cerveza y dormir hasta tarde. No digo que no sea la parte realista de las cuatro estaciones, porque lo es. El otoño nos devuelve a la vida, nos lleva a la madurez y a la responsabilidad de crecer y de ser parte del conjunto informe de las masas que se mueven cada mañana en el metro y se da codazos para entrar el primero o salir desesperadamente en busca de oxígeno después de 20 minutos de "enlatamiento" obligatorio. El otoño nos trae lluvias, frío, clases, trabajo y... Elecciones. 
El otoño nos trae un conjunto variopinto de representantes de la élite política, es como la cigüeña de la política, llega con él el maravilloso Mas con su ideario nacionalista rancio y carente de sentido pero también nos trae a Rajoy que vende a Antena 3 "La Entrevista" pero que al final solo acabó dando la fecha de las elecciones generales. Elecciones que por poco se atragantan con las uvas. Pobre, no quiere abandonar su puesto como Jefe de Gobierno, es como quien dobla poco a poco la pasta de dientes para apurarla al máximo hasta hacer un pequeño caracol. 
Con el otoño los árboles cambian de traje y los chaqueteros también. Es momento de ir cogiendo rumbo hacia el mejor postor, de coquetear y venderte. PSOE y Ciudadanos se hacen ojitos, Podemos le tira los tejos a Izquierda Unida (¿O era al revés?) y PP... El PP se engalana y va de lobo solitario porque Él lo vale de L' Oréal. La arena política está viviendo el Gran Hermano en el que todos quieren con todos, hacen "edredoning" y luego van al Súper (nosotros) a "confesarse" buscando ganar votos "siendo sinceros" para llegar a la final... Y ganar. Es decir, es un juego, un Juego de Tronos con todo y drama. 
Me encanta el otoño, me apasiona que la hermana del Rey se siente ante un tribunal a hablar (decorar) sus trapicheos económicos o que Rajoy diga que el independentismo Catalán no es preocupante. Para sobrevivir en un mundo de locos, hay que estar un poco loco. Así que bailemos aunque no haya música y votemos aunque no haya buenos líderes.  

domingo, 30 de agosto de 2015

Levedad.

Esa mañana se despertó y allí estaba: blanca, pálida y con ojeras. Se vio a sí misma, por fin, clara y transparente, con la verdad ante sus ojos como la nitidez que palpa al ponerse las gafas o la precisión de las arrugas de sus manos. Comprendió que el claroscuro no es el gris, que es la guerra y la muerte paulatina de la claridad ante las fauces de las tinieblas. 
Allí estaba ella, sola en su casa de una habitación y un baño-cocina en el centro de la ciudad. Con las manos apoyadas en el lavamanos y las puntas de los dedos blancos al agarrar con fuerza el húmedo mármol; de pie, tosca y confusa pero libre. Jugó con sus ojos a llevarlos de un rincón a otro de su cara. Tenía treinta años y era libre. 
Recordó la noche anterior y sintió el gusto del vino amargo en su boca, su ceño fruncido denotaba la inconformidad de su pelo enmarañado y el latir de su corazón esquivo, ajeno a ella. 
Era miércoles, tenía treinta años y se sentía libre. Libre de ella. Ya no la verían más en su trabajo;  era libre de sus "buenos días" y de sus "¿quieres comer conmigo?". 
Cinco años de relación oculta que se iban por el desagüe al abrir el grifo y al soltar el lavamanos y dejar que la sangre fluyera por sus dedos. Se echó el agua fría con las manos temblorosas para que los restos de maquillaje, fundidos con lágrimas, se perdieran en la alcantarilla como se pierde el sonido en el espacio.

lunes, 24 de agosto de 2015

Sin ensayos.



Infieles. Nos va la infidelidad, nos apasiona el engaño. Somos inconformistas por naturaleza y siempre buscamos lo mejor para nosotros ya sea libre o ajeno... 
Nos va el morbo de coquetear con la mujer del prójimo y si no, que se lo digan a nuestra élite política que regala pactos con partidos políticos con los que juraron no aliarse seducidos por sus esposas-poder-dinero.
Seducimos y nos dejamos seducir porque desde que nacemos hasta que morimos estamos total e irrefrenablemente condicionados a buscar el agrado en la sonrisa, falsa o hipócrita, de las personas que tenemos al rededor. Somos egoístas porque nuestra ley primera es auto satisfacernos. Los actos  altruistas se difuminan ante nuestro innato instinto de supervivencia. 
Sobrevivir a base de artimañas creativas  como hurtar sin descaro, mentir con perspicacia, maquillar sin pudor y hacer recortes con dinero ajeno. 
Sobrevivimos siguiendo a rajatabla la cadena trófica en donde  la cúspide está llena de la más maravillosa creación de -a rellenar por la creencia teológica individual- : el Ser Humano.
Servimos a destajo para ser felices a toda costa y entre nosotros mismos nos peleamos por estar cada vez más arriba de esa cúspide. No debes fiarte de la sonrisa atenta de quien te escucha con pasión porque bajo su brazo tendrá un libro titulado Cómo influir en los demás. Infieles, corruptos y manipuladores. 
Pero todo cambia cuando la ves, cuando la sonrisa no es ensayada frente al espejo si no que brota de la más natural de las cavidades del pecho; cuando extiende una mano no para recibir si no para regalar; cuando las palabras dichas por sus labios tienen ese acento original y pausado. Todo cambia cuando el anciano te agradece un asiento en el metro con un tierno y tembloroso "gracias"; cuando el bebé te sonríe con la boca manchada de chocolate y te pide más. 
Todo cambia cuando la infidelidad, la malicia y el instinto de supervivencia se convierten en lo que deben ser: adjetivos puntuales propios de animales políticos que existen para que el corazón derretido por el roce de esa piel cobre sentido y haga valer la pena no quedarse inmóvil al borde del camino y te haga volar.  


martes, 4 de agosto de 2015

Volver.


¿Qué debes hacer cuando has perdido a tu musa? ¿Qué debes hacer cuando queda el vacío y las palabras te abandonan y se marchan entre tus dedos como el humo de la barbacoa de tu niñez?. ¿Qué debes hacer cuando las metáforas suenan tan absurdas en tu cabeza que inevitablemente las deseches como el aire viciado al respirar?.
Qué hacer... Qué pensar... Qué decir...
¿Qué debes hacer para retomar la consciencia, que los músculos se destemplen, las manos se abran y pueda circular la sangre?
¿Qué puedo hacer para mirar al frente y retomar la convicción de un "algo" mejor?.
Busco las respuestas en las imágenes que se dibujan en frente de mí, en las texturas que mis dedos alcanzan a rozar, en el gusto dulzón de mi boca al sonreír. Busco la respuesta ajena a mis sentidos, lejos de mí, porque encontrarla me puede llevar a la impetuosa claridad de la rabia y la agonía de un cuerpo sin fe. De un cuerpo que ve, sonríe, besa, ama, odia, juzga y critica. Un cuerpo que lee y refunfuña levantando el brazo en contra de las injusticias pero tan ajeno a la realidad como Rajoy a la política.
Al sentarme frente a la pantalla descubro que el miedo que me imponía un Word en blanco es tan infundado como el miedo a las galletas Oreo. Comprendí que soy esto. Soy una letra junto a otra rozándose pero sin sobreponerse; jugando pero sin perder. Soy una gran catarata de vocablos que se mezclan y entretejen para ser ese mi "algo" mejor. Soy esa gran metáfora, sólida y voluble a la par. Palpable y efímera como el orgasmo. Soy yo, soy frente a ti. Soy las frases que lees y el desagrado que te producen y soy también la entrega con la que te las regalo.
No me hizo falta buscar, me encontré deslizando la yema de los dedos por la pantalla táctil que me acerca a mí, a mi consciencia, a mis músculos distendidos y a la sonrisa fácil que sólo me producen las palabras al caminar solas frente a mí.

viernes, 5 de junio de 2015

Izquierda con escayola.

Por fin llegó a España el cambio, como el primer trasplante de cráneo y cuero cabelludo pero en la política nacional. Por fin la ciudadanía levantó sus posaderas del sofá para castigar-reprender-asustar-motivar al partido político un tanto demacrado que impera en la España actual con tintes azules en su territorio.
Estamos en tensión y el cuerpo lo nota. Estamos esperando “a ver qué hacen” Ada Colau y Manuela Carmena. Estamos esperando que el tan nombrado cambio se haga efectivo o a que las amenazas (según se mire) se lleven a cabo.
Es un momento importante, es un momento de revolución y pactos y trapicheos bajo la mesa, de promesas entre las élites y  de sonrisas forzadas, ya no para comprar el voto a base de marketing si no para conseguir la paz en medio de la guerra a base de vender las ideologías, unificar programas y promesas que hace unos días eran enemigas y casar los principios como si de una boda concertada se tratara.
Me pregunto yo, si PSOE pacta con Podemos… ¿Qué será lo que recibe PSOE a cambio? Es decir, uno no casa a su hija amada con el mejor postor si no es porque recibe un título nobiliario, unas cuantas cabezas de ganado o un señorío. Así que dime, Pedro Sánchez, ¿Cuántas ovejas recibes a cambio de dejar al PP fuera de juego?. Curioso el tema de los pactos. Tan curioso como escuchar a Monedero eludir preguntas de Risto Mejide cuando asegura ser transparente. Quizá sea transparencia rugosa y se le atragantan los nombres en los poros de la lengua a la hora de acusar o hablar mal de sus excompañeros para decir “la verdad”. Es uno más que hace piña para proteger a su quinta. Decepcionante. O tan curioso como ver pulseritas en las manos de conservadores acomodados con la frase “No podéis”. Mira que no soy podemita pero… ¿“No podéis”? ¿En serio?.
Me retrotrae a la época de los anillos de castidad. Me causa gracia porque sólo consiguen llamar la atención y, en el caso de las pulseras, la publicidad gratuita a Podemos la agradecerán profundamente los podemitas porque es tipo: El terror ha llegado amigos, somos reales, estamos aquí y me llevas en tu mano para recordarte que pudimos. Curioso.




lunes, 18 de mayo de 2015

Ya llega el momento.

Resulta curioso comprender que el juego de la política es, en realidad, una lucha encarnizada por hallar la simpatía de aquellos a quienes, como los tetra briks, nos usan y nos tiran al contenedor de reciclaje para la siguiente vez. O mejor aún, nos envasan al vacío, nos petrifican de tal manera que sólo podamos decaer y empeorar para tenernos a la mano para la siguiente votación en la que, de nuevo, se peleen con uñas y dientes nuestros restos putrefactos y soñolientos para volver a encumbrar al político de turno.
Nos prometen bajadas del IVA y de impuestos varios, nos prometen trabajo y buenas condiciones, nos prometen el cielo, la tierra y si pudieran, los OVNIS atados a un palo para nuestros selfies. Espera, ¿Eso último ya lo hicieron también?.
Nos prometen abandonar a sus esposas o esposos y quedarse con nosotros, pero siempre seremos “la amante”, sólo cuando hay tiempo, sólo cuando quieren fiesta el fin de semana libre o cuando quieren sexo. Pero sólo nos utilizan, que no se olvide.
Se acercan las elecciones y me siento más maniquí que ningún otro día, esperando a que el mejor postor venga con un fajo de billetes bajo el hombro o en dinero B o cheques o tarjetas black o promesas o programas electorales caducos, edulcorados y maquillados para arañar mi voto. Su voto. El voto que puede volver a ser nuestro sólo con leer, con comprender, con mirar más allá de la promesa de la amada o amado a abandonar a su marido y quedarse con nosotros; tenemos que analizar, estudiar los pros y los contras de tener a esa persona en nuestra casa día y noche, es decir, de los recortes de los que no hablan nuestros políticos pero que vienen por defecto al leer entre sus líneas, de la corrupción que se enreda en sus bolsillos, de la desigualdad ante la ley, de la justicia que parece que sigue de vacaciones y de todas las cuestiones que resultan “chocantes” a nuestra élite política pero que son nuestro sustento de cada día.
Quizá nos convenga leer más y usar preservativos para no quedarnos embarazados sin querer, para no elegir a unos gobernantes a los que tengamos que mantener 4 años mamando de nuestros pechos hasta dejarnos secos. Quizá nos convenga ser listos, comparar y, como aún estamos a tiempo, tomar la pastilla del día después para no caer en falsas promesas de partidos engañosos con poemas de Don Juan.  

jueves, 19 de marzo de 2015

Sin casco pero con tiritas a la mano.


Cuando pasan unos días sin escribir, sientes que lo has olvidado. Sientes que te vas a caer en cuanto montas la bicicleta abandonada en el patio después del verano. ¿Y si ya no sabes pedalear y haces el ridículo al intentarlo de nuevo?. Mejor seré como los pájaros que meten el cuello cuanto tienen frío; haré de tripas corazón y montaré en bicicleta sin casco y cuesta abajo pero con los pies arrastrando por el suelo.
Me pregunto si cuando yo entre en la cárcel por alguna barbaridad dicha desde algún sitio cutre del mundo contaré con las mismas facilidades, permisos y comodidades de quien roba a diestro y siniestro del dinero público, de quien tiene contabilidad B o se llama Bárcenas, en fin, yo también quiero irme a esquiar a un lugar bonito mientras tengo el dinero de mis vecinos pobres escondido en Suiza, el colchón o Cuba, a saber. Creo que sale a cuentas robar a destajo, perdón! Ser político sin vocación pero con mucho descaro porque... ¿En serio, en serio, Esperanza Aguirre, después de atropellar a dos policías en medio de una huída peliculera pretendes ser alcaldesa de Madrid? Cierto es que Ana Botella sólo tiene de genial el apellido si lo unes a un nombre bonito como Johnnie Walker que dejó el listón tan bajo que hasta un minion sería una mejor opción. Menos mal que tenemos otros colores como la sonrisa complaciente de Podemos, la seguridad pasmosa de PSOE o la mirada fugitiva de Izquierda Unida... Dios! Estamos perdidos! ¿Quizá un tal Albert Rivera puede ayudarnos? Mi beneficio de la duda hasta que demuestre ser igual de íntegro que la barba de Rajoy.
Si se me permite un resbalón en la bicicleta, diré que los políticos son como las gotas de agua, todos igual de molestos si van de lado y golpeando la cara. No es la política, son sus fans.
Quizá el poder pervierte así como el chocolate enloquece a los niños, quizá el título de “rey” trae consigo un subidón de chocolate, del negro, del fuerte que hace que esté por encima de la ley que, obviamente, no es igual para todos. La ley sólo es igual para quienes mantienen vivo el país, las personas de a pie, los curritos; pero para los elegidos a dedo para estar arriba, en el globo aerostático del Estado, las leyes son como el ya conocido “lea las instrucciones de este medicamento y consulte al farmacéutico” tan ninguneado como el “lavar a mano”.
Continúa la carrera de fondo para elegir a quienes nos robarán los próximos cuatro años, no nos durmamos, es mejor elegir el material de tortura, así por lo menos sabremos el tipo de dolor que sentiremos cuando el IVA nos corte las venas, cuando la sanidad nos asfixie, cuando la educación nos deje KO y cuando perdamos el conocimiento por la sed que nos generan los grifos abiertos al dejarnos sin agua.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Perdido en tomate.

Entrar en el juego de la política es como engancharte al Candy Crush, una vez te lo descargas, necesitas andar pidiendo vidas, buscando coaliciones y aceptando invitaciones de gente que ni conoces para permanecer en la arena política comiendo chuches el máximo de tiempo posible.
Dicen también que es un acto de equilibrio entre aquellos que quieren entrar y aquellos que no quieren salir. Para mí, la política es un tapiz bordado a mano por los griegos y de un precio incalculable al que el niño mimado de la casa dejó caer zumo de tomate y lo manchó para siempre. Lo podemos llevar a la tintorería y que con cada voto de los ciudadanos, cual golpe de jabón, intentar limpiarlo pero no nos engañemos, era tomate del bueno.
También podemos ponerle una mesita encima como quien no quiere la cosa pero la mancha siempre estará ahí, latente, viva y roja que afea y desvaloriza el precioso tapiz bordado a mano hasta devaluarlo a lo que es ahora, un tapete que sirve para bodas, fiestas y corridas de toros indiscriminadamente, que se vende al mejor postor y del que todo el mundo quiere ser dueño, desde los banqueros, pasando por los empresarios, iluminados y ciudadanos de a pie. Todos quieren poseerlo pero nadie sabe cómo usarlo, nadie sabe cómo quitarle la mancha de tomate que enturbia su belleza y poder y nadie sabe cómo pisarlo sin deshilacharlo y dejar sus sucias huellas de barro sobre él.
La política es, pues, uno de los más grandes y hermosos misterios de la creación humana, tan mal utilizada e impracticada como el arte y tan mágico y misterioso como los unicornios. 

lunes, 9 de febrero de 2015

Así, como quien no quiere la cosa.

Lo confieso, tengo miedo. No de ese miedo que paraliza, que deja inmóvil al borde del camino y deja sin sangre. Si no, de ese miedo que hace que por las venas vayan a trompicones chorros de adrenalina, que te pone alerta y te deja a la expectativa, lista para correr en cuanto se escuche algún ruido que altere la paz del conformismo, la quietud de la comodidad y la legislatura del conservadurismo.
La gente tiene miedo al cambio, a unos paraliza, a otros motiva. Es decir, a unos PP, a otros Podemos (o Podéis). Pero, al fin y al cabo, miedo.
Nos asusta el cambio porque no somos conscientes de que mutamos a cada segundo, que mudamos de piel y los restos quedan convertidos en polvo sobre el televisor.
No nos damos cuenta de que lo mejor de cambiar es que tenemos la enorme posibilidad de reconstruirnos, de reformarnos. Podemos recortarnos o reajustarnos así como hace el gobierno cuando hay crisis justificando que es lo mejor y necesario para el bienestar común.
Reacomodémonos estirando cada músculo, abriendo la boca hasta límites insospechados, estirando los brazos con la intención de abarcar el universo con ellos para atrapar la luz del sol, meterla dentro y regalarla dosificada a todo aquel que quiera mirarnos.
Hacer y ser sin miedo es como comer sin sal, dormir sin sueño, es seco, incoloro.
Hacer y ser con miedo es valiente, arriesgado, loco e insensato, conlleva un esfuerzo y aumenta el valor sin importar el precio. El miedo está a años luz de ser una debilidad, una minusvalía o una mochila pesada a nuestra espalda. El temor nos dice que tenemos mucho que perder, pero si existe, indudablemente es que lo que tenemos delante es importante, es grande, de lo contrario, sería tan insustancial y trivial cómo elegir entre pollo y carne.
Lo confieso, tengo miedo. Tengo miedo y me apasiona. Tengo miedo y ese sentimiento me impulsa, me exige ser más, ser mejor, me exige superarlo, encajarlo, convertirlo en mis alas y restarle la connotación negativa que tanto tiempo ha llevado sus pies, que ha cargado como lastre.
Ten miedo, tenlo con ganas y hazlo a propósito. 

martes, 13 de enero de 2015

Grandeza humana.

Yo me pregunto cómo será la gratificante sensación de sentarte frente a una hoja y escribir de forma fluida, suave, con tacto, con encanto, sin pensar demasiado y hacerlo con la gracilidad de quien patina sobre hielo deslizándose y cortando la fina capa de agua endurecida con la afilada espada que lleva a sus pies.
Me pregunto también por la evidente facilidad de quien empuña un objeto con la firme intención de proferir daño a alguien con la capacidad de sonreír al espacio vacío entre su presencia y la de los demás, a alguien que piensa, siente, se duele, llora, se enfurece, se enamora o se sorprende.
¿Acaso la facilidad para escribir o dañar va enlazado a la misma capacidad de patinar, caminar o pensar, tan humano y tan real? Algunos cantan como si no hubiera un mañana; otros aman como si los demás fueran una extensión de su propia piel; otros hablan como si tuviera una patata en la boca y otros como si un silbido de pájaro naciera desde lo más profundo de sus gargantas. Todos diferentes pero con un aspecto en común. Todos sentimos. Unos sienten envidia, otros compasión, otros lealtad y otros muchos sienten odio. Alardeamos de encabezar la lista en la cadena trófica pero pecamos de ignorantes, pecamos de soberbios y altivos. Somos tan pequeños y tan vulnerables que olvidamos que una jirafa nos puede pisar y matar con un solo empujón pero, aún sabiendo esto, hacemos hasta lo imposible y conseguimos mirarlas por encima de nuestro hombro. Gastamos energías siendo más. Aparentando ser más.
Defendemos ideas y morimos por unos ideales tan abstractos como la muerte misma, tan contraproducentes como tragar aire para calmar el hambre. La complejidad humana se basa en la levedad de nuestra existencia, en la debilidad de unos y la codicia de otros.
Olvidamos que el trompetazo de un elefante nos envía al limbo, al coma, a la nada y un beso nos exalta a la esfera más elevada de la estratosfera pero gastamos energías aparentando supremacía empuñando un arma y mandando al limbo a alguien que es la extensión de la piel de otro alguien. Ignorantes, insensatos, fanáticos y soberbios, no vemos que un pescado caído del cielo escapado de las garras de un águila en pleno vuelo nos manda al limbo, a la nada, sin necesidad de que otro estúpido, igual que nosotros, nos haga daño por defender lo indefendible.
Muere más gente en nombre de los dioses que en nombre del amor que, al fin y al cabo, es lo único que nos acerca a Dios.

sábado, 3 de enero de 2015

Empezamos 2015 con un viernes que parece lunes.

Todos empezamos el año con las mismas expectativas: dieta, gym, más sexo, menos alcohol, menos tabaco, más lectura, carnet de conducir, graduado escolar, menos redes sociales, más actualidad, escribir un libro, hacer puenting o depilarnos más seguido… Todos pasamos por alguna de esas utópicas metas pero, realmente, nuestra meta es sobrevivir. Sobrevivir a qué? A la gran decepción de que llegue diciembre del 2015 y sigamos con la misma lista en el bolsillo trasero del pantalón que estrenamos el 31 del año anterior.
Sobrevivir a otra crisis; a otro ébola; a otro Bárcenas; a otro Rey; a otro Mundial; a otra subida de impuestos; a otra Cuba…
La meta no es cambiar para innovar, para mejorar; la meta es conservar, se ve, para permanecer y añejar como el vino.
Empezamos 2015 con publicidad entre una uva y otra, con cantantes defraudadoras comiendo banquetes entre las rejas a costa de nuestros impuestos; pero tranquilos, que Isabel Pantoja no sabe qué son los impuestos, no se sentirá mal bienviviendo encerrada. Empezamos 2015 con connotaciones inequívocas de unas elecciones que prometen ser del todo sorpresivas y  tensas entre la experiencia que da la vejez y la insensatez que da la juventud.
Será que PP, PSOE, IU, Podemos y los demás amigos de las altas esferas empiezan el año con las mismas metas que nosotros? Ya saben, robar menos, menos sobres en B, menos tarjetas opacas, menos indultos irregulares, menos corrupción… Vamos! Lo típico que prometemos en nuestros hogares. O, por el contrario, brindan con champán del caro en una gala benéfica, mientras los pobres a los que dicen ayudar les sirven haciéndoles una inclinación, prometiendo otro año colesteroso, obeso y envejecido? Ya saben… ¡Está todo pagado!.
Acabamos 2014 igual que empezamos 2015: sin un duro, con deudas exorbitadas en el banco, sin casa, perezosos y vagos pero con esperanzas. Total, es lo último que se pierde y, como antes está la pereza, nunca llegamos al final, siempre se queda en nosotros, impregnada como el olor a fritanga en nuestra ropa.
Bienvenido, 2015, moríamos de ganas por verte llegar y más de uno ya muere de ganas porque te acabes; no desesperes, serás de todo, menos aburrido.