domingo, 27 de diciembre de 2015

De colores.

Se acercaba el 20D, se acercaba el día en el que España enviaría misivas al gobierno diciendo quién quería que fuera el próximo Jefe de Gobierno, quién sería el siguiente a criticar a través de Twitter y Facebook. ¿No estábamos nerviosos? Yo sí. No sabría de qué color estaría pintado el gobierno o, si peor aún, habría una coalición de colores como la bandera del orgullo gay. 
Estaba nerviosa y podía palparlo en el ambiente, las encuestas cocinadas en tiempo récord y mal aliñadas disponían un terreno incierto y auguraban complejidades. Pero creo que nadie contaba con que Podemos remontara de esa manera hasta acercarse peligrosamente al PSOE; no podíamos estar seguros de que la apuesta de Ciudadanos se estrellaría después de ser uno de los grandes favoritos y creo que la actual propuesta de Rajoy a pactar con Sánchez nos deja claro que el gobierno ahora mismo es como una bomba de relojería que todos creen saber cómo  desactivar pero que nadie sabe dónde está.  
En el periódico el Mundo me tropecé con la imagen que adjunto al lado y no pude evitar sonreír.  Todos quieren el poder porque sólo hay una cosa más importante que el dinero, el poder.  Todos se pelean por ser el favorito, por coronarse y añadir a su curriculum 4 años de presidencia del Estado o con suerte 8. Todos afirman tener la solución a nuestros problemas, a las pensiones bajas, a la inmigración, al desempleo, al abandono escolar, a la violencia de género, a la corrupción… Pero curiosamente nadie dice nada de la ley del menor, ninguno quiere “mancharse” las manos hablando de que si un niño de 13 años mata a su profesor debe ir a la cárcel o de que si otro niño de 15 años viola a una bebé debe permanecer encerrado hasta que su mente insana se arregle entre los barrotes pero ese tipo de mentes no se sana, no se cura, no se reinserta en la sociedad. Nadie quiere hablar de ello. 
Ahora la prioridad es desenrollar la confluencia de poder que se les estampa contra la cara y que el diálogo pretende encausar. El diálogo… Que me pregunto yo: si todos quieren lo mejor para el pueblo porque conocen a la perfección las necesidades de sus gobernados, ¿por qué no llegan a ningún acuerdo? Claro… El poder. Todos quieren lo mejor para nosotros pero sin soltar el poder porque… ¿Qué sería de Rajoy sin su cargo? Sólo sería una Soraya, una vicepresidenta.
Con la misma incertidumbre que esperaba el 20D ahora espero los siguientes meses de “diálogo” y de paripé hasta que “por el bien del Estado” se unan o pacten creando un gobierno debilucho o hasta que se resignen y convoquen unas nuevas elecciones y vuelta a empezar. 

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