lunes, 18 de mayo de 2015

Ya llega el momento.

Resulta curioso comprender que el juego de la política es, en realidad, una lucha encarnizada por hallar la simpatía de aquellos a quienes, como los tetra briks, nos usan y nos tiran al contenedor de reciclaje para la siguiente vez. O mejor aún, nos envasan al vacío, nos petrifican de tal manera que sólo podamos decaer y empeorar para tenernos a la mano para la siguiente votación en la que, de nuevo, se peleen con uñas y dientes nuestros restos putrefactos y soñolientos para volver a encumbrar al político de turno.
Nos prometen bajadas del IVA y de impuestos varios, nos prometen trabajo y buenas condiciones, nos prometen el cielo, la tierra y si pudieran, los OVNIS atados a un palo para nuestros selfies. Espera, ¿Eso último ya lo hicieron también?.
Nos prometen abandonar a sus esposas o esposos y quedarse con nosotros, pero siempre seremos “la amante”, sólo cuando hay tiempo, sólo cuando quieren fiesta el fin de semana libre o cuando quieren sexo. Pero sólo nos utilizan, que no se olvide.
Se acercan las elecciones y me siento más maniquí que ningún otro día, esperando a que el mejor postor venga con un fajo de billetes bajo el hombro o en dinero B o cheques o tarjetas black o promesas o programas electorales caducos, edulcorados y maquillados para arañar mi voto. Su voto. El voto que puede volver a ser nuestro sólo con leer, con comprender, con mirar más allá de la promesa de la amada o amado a abandonar a su marido y quedarse con nosotros; tenemos que analizar, estudiar los pros y los contras de tener a esa persona en nuestra casa día y noche, es decir, de los recortes de los que no hablan nuestros políticos pero que vienen por defecto al leer entre sus líneas, de la corrupción que se enreda en sus bolsillos, de la desigualdad ante la ley, de la justicia que parece que sigue de vacaciones y de todas las cuestiones que resultan “chocantes” a nuestra élite política pero que son nuestro sustento de cada día.
Quizá nos convenga leer más y usar preservativos para no quedarnos embarazados sin querer, para no elegir a unos gobernantes a los que tengamos que mantener 4 años mamando de nuestros pechos hasta dejarnos secos. Quizá nos convenga ser listos, comparar y, como aún estamos a tiempo, tomar la pastilla del día después para no caer en falsas promesas de partidos engañosos con poemas de Don Juan.  

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