lunes, 16 de septiembre de 2013

Quiero un paraguas amarillo.

No hay nada peor que tener el Word en blanco, abierto, listo, impecable, fogoso y expectante para ser tiznado con letras y no saber qué escribir.
En realidad no me preocupa no saber qué expresar, es tan humano como sonreírle a un/a desconocido/a o, mejor aún, tan humano como comer patatas en el mostrador antes de irte a la mesa.
Nacemos en blanco, en bruto, como un Word acabado de abrir. ¿En qué punto de ese proceso creador, de ese moldeado de Praxíteles en la curva perfecta, nos convertimos en el Grinch y no en “La muchacha en la ventana” de Dalí?
¿Será que hemos perdido la fe en nosotros/as mismos/as?
La raza humana se mantiene viva gracias a la pasión, el amor, la bondad, la belleza… Pero hemos perdido la fe; peor aún, hemos perdido la capacidad de soñar. “Sólo al soñar tenemos libertad, siempre ha sido así y siempre lo será”.
¿Dónde está nuestra capacidad para ansiar, para fantasear, para proyectar nuestras metas, utopías, deseos; para amar y dejarnos amar?
Nos hemos convertido en personas mayores con gabardinas, con maletas llenas de papeles, con paraguas negros y que siempre miran con las mismas lentes.
Tocamos fondo.
Súbete a la mesa para ver desde una perspectiva diferente (no temas caerte); tiñe de colores tu sonrisa; sueña con el nuevo día aunque éste aún no llegue; gana la batalla aún sin empezarla; despéñate rodando por el césped; inspira y deja que el aire recubra cada recoveco de tu pecho e hinche tu piel y suéltalo en un gañido tan atronador que no te quede otra opción que creer, que creerte.
Sorbe mocos, levanta la frente; mira el conjunto bidimensional y sigue caminando.
Sólo después de ese inventario podrás ver un cordero dentro de una caja dibujada a lápiz, tan etérea como un elefante dentro de una boa constrictor.

2 comentarios:

  1. Muchas gracias Sandy por compartir tu mirada del mundo, ser un faro en el horizonte que al menos expresa su visión del mundo sin importar el que dirán solo con la idea de iluminar algún ser con sus palabras y de alguna forma marcar la diferencia

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    1. Muchas gracias, Mónica. Tu comentario ha alegrado, sin duda, mi día y, más aún, mi semana. GRACIAS.

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