lunes, 9 de septiembre de 2013

Olímpicamente deteriorada.


Madrid es un ejemplo claro de perseverancia, de lucha encarnizada contra sus propios problemas internos… Madrid y España, son como el Caballo de Troya, llevan a los enemigos en sus entrañas.
Este fin de semana se nos confirmó, una vez más, que España está catalogada entre los países más mal vistos de la UE y del mundo entero, pues no sólo fue descartada la primera en los ansiados Juegos Olímpicos, sino que demostramos que nuestros políticos carecen del espíritu vanguardista que requiere la política actual.
España es un país de viejos.
Obviando el ridículo de Ana Botella en su discurso en “inglés”, obviando el peloteo al Príncipe Felipe (no se dejó la piel en su apelación ante el COI; le pagamos para eso y más), la fiesta descomunal que se hizo para celebrar unos juegos que no tuvimos (fiesta pagada con nuestros impuestos; no nos dejemos engañar, nada es gratis) y obviando el derroche de confianza que tenía el país al completo por la falsa percepción que nos vendió el mismo gobierno de un triunfo inminente en la candidatura de los Juegos Olímpicos Madrid 2020; rescatamos la paciencia y la fe de las personas que, lejos de concebir la imagen de la enorme cantidad de dinero que se mueve en sobres por debajo de las mesas, son capaces de unir sus corazones, sus esperanzas y su amor a causas tan relevantes como ésta, sacan a relucir su amor patrio, ya sea por el fútbol o el cantante de turno y dejan en segundo plano temas tan vacuos como el robo a manos llenas que nos está haciendo el gobierno y la corrupción tan evidente que ya no intentan ocultar. Pero esos son problemas menores, al fin y al cabo, ¿qué Estado no tiene su manzana podrida?.
Lo verdaderamente importante es que España gane el siguiente mundial de fútbol.
¡Stop!
Aún podemos despertar, estamos a tiempo de salir del carril-bici en el que estamos anclados, acomodados y adormecidos.
Es la hora de las antorchas, de los cohetes, las bengalas, las acampadas… Es hora de levantarnos y recuperar lo que es nuestro, lo que nos ha sido arrebatado por la parsimonia en la que nos enclaustramos; es la hora de salir del Caballo de Troya porque España no sabe que los verdaderos enemigos del Estado actual están en sus mismas entrañas.






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