miércoles, 15 de enero de 2014

Si pudiéramos, seríamos.

Podemos comenzar afirmando que el cielo es azul o que la política es corrupta. Podemos copiar en los exámenes o hacer de cualquier cosa a nuestro alcance un vicio. Podemos, podemos, podemos… Podemos ser la mejor versión de nosotros mismos o ser nuestro peor enemigo o enemiga. Podemos ser jodidamente rastreras y jugar a los juegos más descabellados y macabros que cualquier persona pueda imaginar. Podemos volar a Nunca Jamás pero decidimos entrar a Narnia a través del famoso armario. Podemos hacer lo que nos dé la gana y más.
Pero ¡Vaya! Curiosamente elegimos no hacer, no poder, no jugar, no volar, no ser.
Seguimos siendo, como afirmaba Hobbes, lobos para el propio ser humano. Cambiamos la compasión, la bondad y la empatía por un “jajaja” falso a través de un teclado frío y distante capaz de ocultar nuestras verdaderas perversiones o intensiones.  Trasladaríamos nuestra alma a un cuadro para que en él se reflejaran todas nuestras maldades y envejeciera por nosotros si supiéramos cómo hacerlo o viniera en un tutorial de Youtube.
Nuestra cultura occidental y antropocéntrica reafirma nuestro “yo” frente a los demás y el “yo soy yo y mis circunstancias” cobra sentido. Somos el resultado de los errores y aciertos de quienes nos crían. Conejillos de Indias de quienes nos quieren y los que no.
Podemos… Somos.
Podemos ser lo que queramos ser y podemos hacer lo que nos dejen hacer. Ups! Perdón, rectifico: podemos hacer lo que queramos hacer. Por eso, tanto Wert como Rajoy, Gallardón, Obama o S.M el Rey D. Juan Carlos hacen lo que quieren. ¡Perdón de nuevo! Hacen lo que los dejamos hacer.


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