miércoles, 9 de octubre de 2013

Sin banda sonora original.

Ya ni siquiera se puede hacer el “tonto” en las calles de Madrid, ahora hay que pedir permiso al ayuntamiento de la Capital para cantar o tocar la flauta (o cualquier otro instrumento musical) en alguna de las esquinas del centro; al parecer, los gallos y guitarras mal afinadas de los/as estudiantes o parados/as – al caso es lo mismo-  molestan a ciertas personas; que yo me pregunto, ¿a quién molesta? Desde luego a los viandantes no les desagrada, en todo caso, se detienen (nos detenemos) a escucharlos y llevar el ritmo con las palmas, entonces… Seguro le molesta a nuestros/as presuntos/as políticos/as, que, como todos/as sabemos, viajan en metro y pasean por la ciudad y no, como todos/as creen, van en los coches oficiales de un lado a otro, al fin y al cabo, no tenemos más coches oficiales que parlamentarios/as (sarcasmo).
Ahora, para que la Tuna pueda cantar en Sol, tiene que pasar un casting para valorar (¿Quién valora, Ana Botella con su perfecto inglés y cultura?) si se es apto/a o no para expresar su talento en público. Ojo! Que no es prohibir esta libertad de expresión, es “adecuar esta actividad a la normativa”, según indican las autoridades.
Comprobamos una vez más la cantidad de humo que nos venden desde arriba; Julián Muñoz no paga lo que roba y los/as cantautores/as muertos/as de hambre no pueden buscarse la vida. ¿Hasta cuándo?. 
El problema no es que nos vendan humo; el problema es que lo compramos y, encima, cuando llegamos a casa y lo abrimos, nos damos cuenta de que era una gran flatulencia que se dispersa por todo el salón dejándonos atontados/as, como siempre. Y, para colmo, no tenemos la excusa de que lo compramos por eBay.

1 comentario:

  1. Comprobado una vez más, que el gobierno lo único que busca es sensurar nuestra libertad de libre expresión.temen perder el control de su pueblo, por lo tanto realizan actos de mezquindad como este y de paso nos quitan la alegría y satisfacción de asombrarnos con el talento infinito que encontramos en las calles, que, además, nos permite pararnos a distraernos y olvidarnos un poco del corre corre cotidiano. P.A.Z

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