jueves, 5 de junio de 2014

Payasos amateur.

Existen cuatro tipos de payasos, el Clown, Augusto, Contraugusto y Tony pero, en mi mundo, sin duda, existen cinco si añadimos a la élite política. Tiene gracia cuando pienso en que estoy estudiando exactamente las técnicas y tácticas para hacer reír a los niños, igual que ellos hacen con nosotros, su pueblo, sus protegidos, sus niños... Nunca mejor dicho.
Pero esta quinta clasificación de payasos no contaba con que sus trucos de magia acabarían oliendo a rancio y que la moneda que sacan de detrás de nuestras orejas no salía de sus bolsillos si no directamente de nuestras huchas. Jugaron a ser ilusionistas basados en nuestra ignorancia e infantilidad, pero crecimos, aprendimos, vimos el conejo dentro de la chistera rota y ajada y cometieron el error de pensar que seguiríamos aplaudiendo sus cortinas de humo.
Los niños crecieron y ahora, poco a poco, dejan sus sofás y sus meriendas en la mesa para salir al parque a gritar que los payasos ya no los entretienen, que las carcajadas que antaño les robaban ya pasaron factura y la deuda de tanta risa falsamente provocada ha dejado en crisis la fe y la esperanza en quien escapaba de las esposas y el agua, de la muerte misma ante nuestras narices.
Ahora, escépticos y en plena ebullición de la adolescencia, esperamos a que le pongan la Nariz Roja, la Corona y el maquillaje al experto de la profesión, claro está, si los adolescentes se lo permitimos y le reímos la gracia.
Presenciamos cómo crecen nuestros músculos y se agrava nuestra voz para frenar con nuestra rebeldía las imposiciones de una élite carente de personalidad y vendida al mejor postor, el dinero y la corrupción. Es el momento de levantar nuestra mirada y dejar que los zurdos equilibren la balanza ya oxidada y totalmente inclinada al centro disfrazado de derecha.

domingo, 18 de mayo de 2014

Abonados al gimnasio.

Ahora ya ni en Twitter tenemos libertad de expresión.
Es gracioso y aterrador ver cómo la muerte de un personaje público remueve las consciencias de nuestros políticos y dan la orden para empezar la caza de brujas a todo aquel incauto o incauta que quiera manifestar su agrado o desagrado con la clase política –es cierto que con muy poco tacto-. Muchos de los mensajes poseen un tono desatinado, pero la esencia de la polémica radica en que, en vez de investigar tantísima corrupción que resulta evidente, se investiga la procedencia de mensajes estúpidos publicados en un país en el que el derecho de expresión es un derecho constitucional.
Los políticos juegan en una liga profesional que no alcanzamos a vislumbrar, que no comprendemos y de la que no participamos pero nosotros mismos pagamos; es tan típico de los seres humanos el estatismo placentero embargado por un halo de soñolencia profundo que no vemos que es como pagar cada mes la cuota del gimnasio y no ir ni siquiera a recoger la ropa del primer y único día que fuiste creyendo tener la fuerza de voluntad necesaria para bajar esos kilos de más. Pagamos las dietas, los viajes y el salario de todos los políticos y, como agradecimiento, nos roban a diestro y siniestro como la niña rebelde que coge dinero a escondidas de sus padres para irse de fiesta todo el fin de semana y encima llegan el domingo a casa pidiendo la paga de la semana para ir al colegio.
Ya ni siquiera estamos en época de convulsión, guerra o levantamiento. Parece que nos hemos acostumbrado tanto a toda la inmundicia que ya nos asomamos a la ventana a ver el espectáculo con palomitas y refresco.
Ya no somos las víctimas, los atropellados, los robados, los acosados ni las personas heridas, ahora somos los cómplices, tan culpables como aquellos que ejecutan el delito. Cómplice yo, cómplice tú. Cómplices todos al girar la cabeza a otro lado cuando 3 de cada 9 personas suicidadas son por causa de la crisis; cuando la cúpula del gobierno presuntamente ha recibido sobre con dinero negro; cuando tantísima gente es desahuciada de sus casas y puestas en la calle sin ninguna contemplación y cuando… Cuando… Cuando…
Cuando dejemos de ser cobardes y hagamos algo más que recurrir a nuestro libertad de expresión a través de una anónima red social podremos ser titulares de esa liga profesional y, por fin, empezaremos a ir al gimnasio diariamente de 7 a 10 de la noche.

viernes, 2 de mayo de 2014

Game Over

He jugado decenas de partidas y he perdido una vida tras otra en los juegos más insospechados como el amor, la amistad, los exámenes tipo test  y Mario Bros, pero, sin duda, la partida en la que más vida pierdo y en la que no consigo avanzar es en el juego del conformismo ante un gobierno cuyo rol es el de mandamás paternalista que vela por el utópico bienestar basado en las premisas equivocadas del bien colectivo y el sacrificio del Jefe o la presencia del liderazgo que requiere una nación tan potente como la que hoy dedicamos un minuto de silencio por un “Game Over” más. Señor Rajoy, me refiero a su Estado, al suyo y de todos pero que usted ha desvirtuado y violado con sus recortes mal trazados y sus falsas esperanzas de un paro de descenso. No se preocupe, le guardamos el secreto de que en realidad el paro “desciende” por los pésimos contratos por horas y la brevísima temporalidad que ayudan a su disminución adulterada cual cortina de humo en un acto de ocultismo con los mejores magos y charlatanes de la actualidad.
Y en este juego de “yo digo”, “yo afirmo” al que juegan nuestros dirigentes, se les ocurre dar datos escandalosos del paro el día de la semifinal de la Liga de Campeones porque claro, así los hongos y las tortugas siguen su trayectoria en medio del mundo en el que les tocó morir aplastados por el gemelo malvado de Luigi.
Y si estas noticias nos las dan en días señalados para que no le prestemos demasiada atención… ¿Qué nos irán a decir el día de la final de la Champions o el día del comienzo del Mundial de Fútbol? Es una constante expectativa tan previsible como cuando el asesino te persigue para matarte en una película de terror barata y sabes que te acabarás tropezando y cayendo al suelo justo antes de llegar al sitio en el que puedes salvar tu vida.


viernes, 18 de abril de 2014

Nuestro propio cielo.

Cuando pensamos en las letras, libros y magia, nuestra mente vaga inconstante entre lo incomprensible y real; esa mezcla ficticia de lo que soñamos y lo que tenemos. Recontamos nuestras metas cumplidas y todo lo que aún nos queda por catar, por degustar, por sentir y por palpar. Descubrimos con pesar que somos más del mañana nonato que del presente virgen y necesitado de nuestras caricias y lleno de abandono. Buscamos con codicia tocar con la punta de los dedos El Dorado sin saber ver que El Dorado está ya en la yema de nuestros dedos, en el límite espacial del sonido de nuestra voz y el alcance de las letras que fluyen incontenibles de nuestra mente vaga e inconstante.
Soñamos los sueños de otros y nos enfrascamos en nuestra propia Torre de Marfil a adorar falsos dioses sin percatarnos de que esas divinidades no son las nuestras, nos refugiamos en lo ya creado por otros por el miedo a lo desconocido, a lo nuevo, a lo que nuestra mente puede parir sin ayuda, sin el otro óvulo o el otro esperma y sentimos la imposición de soltar nuestra larga cabellera por la ventana para que nos rescaten de nuestra propia ingravidez.
Abortamos presentes y desperdiciamos futuros. Nos hemos hecho dependientes y vinculamos nuestro “ser” a expensas de lo reglamentado por dictadores ilegítimos a los que obedecemos sin rechistar porque... ¡Ay de quien se subleve contra el capitán Garfio!.
Soñemos nuestros sueños o nuestras pesadillas. Nuestros.  Tan nuestro como nuestros miedos o nuestros triunfos. Nuestro hoy y nuestro mañana. Y, aunque de tanto repetir la palabra “nuestro” pierda significado, aunque suene mal o sin sentido, será nuestro, como nuestra cama porque no hay nada como dormir en nuestra propia cama.

viernes, 4 de abril de 2014

¿Confusión?

Estoy empezando a sentir una profunda y fuerte admiración por la ironía y el sarcasmo. Considero que son el elemento clave, vital y el “pan de cada día” de las personas con recursos, con talento, con una mente amplia capaz de albergar la maldad y mostrarla como bondad pura.
No confundamos la valiosísima capacidad del sarcasmo con la vil y baja mentira. Para distinguirlo haremos un pequeño ejercicio de reflexión básico y sencillo: Pensemos en Esperanza Aguirre, la presidenta del PP en Madrd, expresidenta de la Comunidad de Madrid; aparca mal en plena Gran Vía y cuando la van a multar se da a la fuga y en el proceso tira al suelo una moto de uno de los policías. Ella dice que no desobedeció a las órdenes de los policías, que no tiró la moto por escapar y que no se fue antes de que le hicieran la multa. Bien, esto es una mentira.
Por otro lado, tenemos un intento de engaño y falsedad que se queda cojeando entre la falacia y el registro estadístico: el paro ha descendido. Es cierto, es real. Esto colisiona inexorablemente con el dato de que la pobreza laboral crece y crece sin techo, sin límite. Entonces, el paro desciende pero a pesar de tener trabajo, no alcanzamos a llegar a final de mes. El paro desciende y la pobreza aumenta: falacia de mejora del país basada en un registro estadístico que se opone a la verdad latente de pobreza infantil (segundos después de Rumanía).
Por último tenemos la ironía… Ojalá pudiera hacer un esbozo claro de lo que es el sarcasmo, pero entre tanta aseveración que nos regalan nuestros gobernantes se me ha atrofiado la capacidad de reacción, me he saturado con tanta sonrisa de Mona Lisa y tanta mejora y crecimiento económico me apabulla, me devuelve la fe en el Estado, me deja extasiada. Aunque seguro que con la nueva ley de educación de Wert recupero mis habilidades, despierto, espabilo y aprendo a aplicar los conocimientos teóricos a la vida práctica como lo desvela el Informe PISA.


lunes, 24 de marzo de 2014

Con sonrisa bonita y bolsillo lleno.

Ya puede ser verano, invierno o mi amado otoño que siempre que cae una gota de lluvia mi corazón se estremece y mis labios se curvan en una sonrisa tan amplia que nace también cuando te miras al espejo desnuda y comprendes que eres tú, en todo tu esplendor.  Sonrisa que sólo puede ser reflejo de la aceptación, de verte tal y como eres, de no ocultarte y no disimular para encajar.
Es una reflexión sencilla, sin tabúes, nada profunda… Nuestros políticos la conocen bien y por eso son capaces de mirarse al espejo, sonreír y creerse su propia mentira. Por eso son capaces de mirarnos a los ojos y decirnos que España va en progreso, va saliendo de la crisis –“Los datos lo confirman”- dicen. Y sí… Los datos confirman que las grandes empresas cotizan en bolsa, compran y venden ajenas a conciencia de que el pueblo llano, los obreros y la prole siguen viviendo la misma escasez de siempre o peor, quizá más acentuada porque agotaron las ayudas gubernamentales, porque el IVA sube sin consideración, porque la luz, porque la sanidad, porque la educación, porque todo y porque Rajoy dice que también tiene que mirar su cuenta bancaria a final de mes. ¿En serio, Sr Presidente, que no llega a fin de mes?.
Pero no nos preocupemos, sé que nuestros ministros hacen todo lo posible por sacarnos de esta, no estamos solos y por eso el Ministerio de Interior le pagó, con dinero del Estado, la peregrinación a 13 guardias civiles a Francia a visitar el santuario de Lourdes. Es un acto benévolo y  bienintencionado a pesar de que España es un país aconfesional constitucionalmente pero si de ello depende que decenas de niños coman en los comedores o que se den las retrasadas becas a los estudiantes… No pasa nada, es decir, seguro que el pago divino por tan noble acto de fe está al caer y la acentuada pobreza de miles de familias será un cuento del pasado, tan obsoleto como la libertad de las mujeres a abortar cuando no quieran ser madres. España sigue siendo un país de viejos con viejas costumbres, viejos prejuicios y viejas mañas.

lunes, 10 de marzo de 2014

Sin filtros ni porqués.

Han pasado meses desde que decidí dejar la inseguridad y empezar a editarme, a reescribirme, a pensarme. Han pasado meses desde que decidí que un Word en blanco no era tan escalofriante ni tan imponente que es sólo una pantalla, un teclado, unos dedos y una persona tan real y humana delante del fragmento blanco que, de tan común, resulta intrigante.
Después de tantas y tantas reflexiones, enfados, indignaciones, frustraciones y miles de titubeos, me doy cuenta de que sigo siendo la misma descentrada, terca y soñadora que escribió el primer texto.  Han pasado los meses y afirmo que mis quejas toman forma, toman conciencia, toman cuerpo palpable y tan visible que ya no puedo decir que lo esencial es invisible a los ojos; todo es tangible y en mis pupilas se desmarcan las sonrisas, las miradas, las hojas caer, los odios, los amores, las amistades y los parpadeos del muñequito verde titilando sin tregua anunciando que el semáforo cambiará a rojo. Pasa el tiempo y la sangre circula por mis venas dejando huella en mi recuerdo, en mis entrañas, en mi sien y en la yema de mis dedos. 
Las arrugas se profundizan y las risas toma colores antes inimaginables capaces de ser estridentes y sobreponerse a cualquier lágrima, a cualquier discusión, a mí.  Segundo a segundo me materializo en una constante ebullición de pensamientos seguros, ciertos, fiables, pintados y delimitados por el mismísimo tiempo que antes era mi enemigo y ahora es mi aliado, tan cercano y afable, tan implacable y contundente que me exige compromiso, madurez y espacio.
Han pasado meses desde mi primer texto y es ahora cuando experimento la agradable sensación de los dedos rozando las teclas sin censura, sin control, sin límite ni filtros. Sólo yo conmigo misma, con un pensamiento vago e insistente que se clava en mis sesos deseando ser engendrado y dado a luz en forma de pretextos válidos para generar un nuevo capítulo en un lunes tan vivo, eficaz y sensato como un miércoles, un jueves o un deseado domingo.
El tiempo ya no es mi enemigo, me planto ante él, lo miro a los ojos, le sonrío y lo invito a bailar conmigo a mi ritmo, a mi paso, a mi tempo.
Ni el tiempo, ni la inseguridad, ni el Word en blanco, ni las hojas caídas de un otoño, ni mi color marrón, ni sus excusas baratas. Sólo yo, el teclado, las ganas, la fe, la esperanza, la ilusión y la certeza de que algún día seré algo más que una persona frente a un teclado.

lunes, 3 de marzo de 2014

Tan fácil como abrir los labios y gritar.

Una vez más, compruebo que la realidad está compuesta por las partes de una obra de ficción que, al juntarlas, parecen tan soberanamente increíbles que no te queda de otra que aceptarlo como verídico, que jugar a su juego, que acatar sus reglas.
Pasan los días y el tiempo se enseñorea quisquilloso entronándose como el rey de nuestras sonrisas, como el cleptómano de nuestra tranquilidad y el indeseado de nuestra juventud. El tiempo, al igual que la realidad viajan tan juntos que condicionan nuestras pisadas, dibujan cuadros de paisajes oníricos y se revuelcan en su propio fango creando un corto de temática gore y sado tan usual que, una vez más, aceptamos como real y única.
La realidad nos aplasta y oprime a través de golpes certeros e invisibles disfrazados de lágrimas, de desengaños, de falsedades, de desplantes y giros de miradas; nos ralentiza dejándonos tan vacíos y tan llenos de nada que se hace imposible levantar la cabeza para gritar que estamos colmados de cientos de chistes, de victorias, de insensateces tan cuerdas que pueden plagar las historias de otros de miles de palpitaciones.
El tiempo se jacta de seguridad al quitarnos la capacidad de decisión, de aplaudir riesgos, de conocer y conocernos, de crear y de crearnos a nosotros mismos como el mejor de nuestros proyectos, el mejor de nuestros logros y el más grande de nuestros regalos.
- Ya estoy muy viejo. – No tengo tiempo. – A ver si puedo… Si las conoces, son las típicas frases del tiempo y de la realidad que se agolpan indecentes en nuestra frente para nublar la capacidad  de reacción ante la mínima oportunidad de ser felices. No tengas miedo.
A lo largo del tiempo recabamos todas las herramientas para ser capaces de avanzar, de propasarnos y tontear con la incapacidad que genera el miedo a no tener miedo, a no temer a una multa, a un pelota de goma o a un chorro de agua. Sabemos seducir al miedo y cautivarlo. Sabemos pedir lo que necesitamos y  sabemos recuperar lo que perdimos. Sabemos decirle al tiempo que hacemos con él lo que nos plazca y sabemos vivir la realidad como queremos vivirla.
No es cuestión de saber, es cuestión de querer.

lunes, 17 de febrero de 2014

Indiferencia

Es curioso caminar por los largos y estrechos pasillos del submundo que ebulle ante nuestros ojos sin darnos cuenta de que, realmente, estamos rodeados de muertos. Muertos y muertas, de muerte.
Buscamos en las pupilas de las personas que nos cruzamos por azar un atisbo de vida, de humanidad, de empatía, de comprensión. Un rastro de un algo que nos haga sentir menos solos, menos aislados pero, en cambio, nos topamos con miradas frías, hieráticas y condescendientes de quienes han muerto y fingen seguir vivos por pura pereza de comunicarle al mundo que han muerto, como dice Millás: “para ahorrar el disgusto”.
Miramos al cielo y al identificar dos lunas en el firmamento buscamos a alguien que también las vea. A la que vuele. A alguien que juegue tan bien como tú a reírse del mundo y pisarlo a grandes zancadas de indiferencia viva y entrega máxima.
Es curioso caminar casi flotando por los largos y estrechos pasillos del mundo real cuando aceptas que la mayoría de seres humanos que pasan por tu lado son sólo sombras inertes o muertos que nos mienten al afirmar que están vivos como malos actores en medio de su peor interpretación. Los miras a los ojos, sonríes, te asomas a su abismo, les dices “adiós” con la mano abierta y saltas al siguiente precipicio con las mismas ganas con las que un niño sale al recreo después del comedor.
Es curioso volar a cien metros de distancia del suelo y contemplar con la mirada achinada que en cada esquina hay a dos o tres muertos hablando de banalidades y juzgando con murmullos pero que no saben que están muertos. Acechados por la ignorancia de quien no huele a la muerte, de quien no sabe que la muerte les llegó mientras parían, defecaban, comían o practicaban sexo. Murieron y la inconsciencia los desbordó hasta tal punto que viajan con nosotros en el metro pero no se dan cuenta del hedor y pestilencia que desprende su piel putrefacta. Su piel de muerto.

martes, 4 de febrero de 2014

No te pienses sin sangre.

¿Qué debes hacer cuando lo que creías una verdad incuestionable empieza a ser motivo de debate? Tiene que ser tan devastador como cuando se dejó la doctrina teocéntrica para ser el ser humano la “mano que mece la cuna” y que el ego de nuestra raza conquiste cumbres inexpugnables coronadas de orgullo y de la supremacía de la sensatez y latente raciocinio del que tanto alardeamos.
A pesar del continuo llamamiento de algunos afines de la vanagloria humana a levantar los puños en señal de poder, nos enardece cotejar que estamos asiduamente invadidos por confusas señales que, lejos de esclarecer nuestra realidad, nos convierten en miopes incapaces de enfocar que quienes mueven los hilos que nos debería llevar a la felicidad y plenitud se quedan con el 99% más IVA de la totalidad de nuestras oportunidades de superación dejándonos sólo lo poco o nada que queda en nuestro campo de visión, es decir, nuestra nariz.
Nos dictan desde la tarima con una euforia fingida, estudiada y eficaz las mentiras que queremos oír, que necesitamos escuchar para creernos las falacias típicas de quien sabe las respuestas del examen tipo test y juega con la incertidumbre de la clase afirmando cosas como, por ejemplo, que España va en ascenso, que sale de la crisis y que “hay esperanza”. Como no se refiera a la expresidenta Aguirre, yo no veo esperanza la política actual. O si no, que se lo digan a ese aumento del 11,3% de suicidios y a ese tercio de niños en España en riesgo de pobreza. La esperanza tiene tintes diferentes dependiendo de si la pronuncias en la Moncloa o si la buscas en Vallecas. El paro y el desempleo se ve diferente dependiendo de si el sueldo lo recibe la Princesa o si lo recibe el camarero del bar de al lado.
Estamos experimentando una especie de cortocircuito cerebral de la misma manera en la que el teléfono le roba el magnetismo al abono de transporte y estamos tan obstruidos por las capas y capas de grasa de la comida basura que la sangre no nos llega al corazón y nos quedamos fríos e inertes al borde del camino. Nos acurrucamos en la  sonrisa de Joker y esperamos a que pase el vendaval mientras su fuerza nos destruye y arrastra hasta la playa más cercana.
Sé y confío en que aún nos queda esperanza, pero no está en tu gobierno, Sr Rajoy, ni en tus medidas, apreciado Luis de Guindos. La esperanza está incubándose en nuestras entrañas como sólo se gestan los más terribles y mortíferos virus.
Corran. ¡Fuga! Porque la soberanía es nuestra, porque la esperanza es nuestra.

sábado, 25 de enero de 2014

Como los colores primarios.

Un buen final es casi tan necesario como un buen principio. Claro que hay quien dice que lo que bien empieza, bien acaba. Sin embargo, creo que lo único realmente necesario es un buen proceso creador, un adecuado desarrollo de las circunstancias para que sean capaz de generar una buena consecuencia.
Es como cuando te vas de viaje largo en coche y te lo pasas mejor en la carretera que en la meta al final del camino.  Esa idea es fácilmente aplicable a la mayoría de los aspectos, salvo cuando se trata de escribir un texto. Cuando tienes que plasmar en una hoja de Word ideas fantásticas, frases innovadoras que cautiven, que enganche, que hagan sonreír, pensar o llorar no importa si tuviste que tomar pastillas para el dolor de cabeza, si tuviste que renegar o maldecir por no tener inspiración o si te zampaste miles de magdalenas por la frustración de no tener nada qué decir. Cuando se trata de escribir no importa en dónde estés, con quién o haciendo qué; lo único realmente importante para los demás es el producto finalizado, publicado y, lo vital y necesario, leído.
A nadie le importa si Van Gogh perdió la oreja peleando con el gran Paul Gauguin o si la perdió rasurándose la patilla; lo que se valora es su arte, las miles de posibilidades que llenan nuestras pupilas al contemplar la hermosura que sus manos crearon.
Concebir una obra de arte (del arte que sea) es entendido para mí, entonces, como hacer el amor: tan importante la primera caricia como el orgasmo final.
A medida que vas madurando, comprendes que las cosas no son ni blancas ni negras, que hay cientos de matices, desvanecidos, contrastes y perspectivas que te obligan a entrecerrar los ojos para buscar el Wally de cada embrollo o las 7 diferencias que hacen que agudices tus sentidos para poder valorar la obra terminada o para poder aceptar y comprender que las personas somos como “La persistencia de la memoria” de Dalí pero sin terminar, que nos construimos y borramos a cada segundo, que no somos inamovibles y que nuestras vivencias son nuestras piezas de lego en manos de niños caprichosos.
Por todo ello, la sonrisa es tan importante como el motivo que la llevó a marcar las arrugas en la cara y un texto publicado puede ser tan bueno o malo dependiendo de los minutos que pases delante de la pantalla y del preservativo que te pongas -o no- para darlo a luz.

miércoles, 15 de enero de 2014

Si pudiéramos, seríamos.

Podemos comenzar afirmando que el cielo es azul o que la política es corrupta. Podemos copiar en los exámenes o hacer de cualquier cosa a nuestro alcance un vicio. Podemos, podemos, podemos… Podemos ser la mejor versión de nosotros mismos o ser nuestro peor enemigo o enemiga. Podemos ser jodidamente rastreras y jugar a los juegos más descabellados y macabros que cualquier persona pueda imaginar. Podemos volar a Nunca Jamás pero decidimos entrar a Narnia a través del famoso armario. Podemos hacer lo que nos dé la gana y más.
Pero ¡Vaya! Curiosamente elegimos no hacer, no poder, no jugar, no volar, no ser.
Seguimos siendo, como afirmaba Hobbes, lobos para el propio ser humano. Cambiamos la compasión, la bondad y la empatía por un “jajaja” falso a través de un teclado frío y distante capaz de ocultar nuestras verdaderas perversiones o intensiones.  Trasladaríamos nuestra alma a un cuadro para que en él se reflejaran todas nuestras maldades y envejeciera por nosotros si supiéramos cómo hacerlo o viniera en un tutorial de Youtube.
Nuestra cultura occidental y antropocéntrica reafirma nuestro “yo” frente a los demás y el “yo soy yo y mis circunstancias” cobra sentido. Somos el resultado de los errores y aciertos de quienes nos crían. Conejillos de Indias de quienes nos quieren y los que no.
Podemos… Somos.
Podemos ser lo que queramos ser y podemos hacer lo que nos dejen hacer. Ups! Perdón, rectifico: podemos hacer lo que queramos hacer. Por eso, tanto Wert como Rajoy, Gallardón, Obama o S.M el Rey D. Juan Carlos hacen lo que quieren. ¡Perdón de nuevo! Hacen lo que los dejamos hacer.


jueves, 9 de enero de 2014

En recuerdo de lo perdido.

Ya lo decía Cicerón: “el sometimiento a la ley es garantía de libertad”. ¿Verdad, Sr. Juan Carlos?, ¿usted también lo cree, Sr. Gallardón?. Sin duda, después de percibir tan dignos ejemplos de igualdad y justicia en medio de nuestra sociedad resulta impensable que cualquiera de nosotros dude de la valía y poderío de las leyes. Nos sentimos protegidos por el Estado y avalados por su honorabilidad. No entiendo por qué nos quejamos con agudas críticas si nosotros derramamos nuestra soberanía en las personas que bien nos vendieron su buena imagen, fidelidad y compromiso.
Tenemos lo que quisimos porque cada voto y cada cabeza hicieron subir a quien ahora no quiere bajarse del pódium. Sumamos sufragios para crear bienestar y cercenamos tristezas y desengaños para hacer ganar al PP buscando en su tradición la estabilidad que la sonrisa de Rajoy guardaba entre dientes para luego mostrárnosla con sus afilados colmillos tan faltos de personalidad que están roídos por los impulsos de sus ministros.
Para que la libertad sea tangible debe ser la expresión máxima de la voluntad general, todos sometidos por decisión propia, y no esclavos de la ley escrita por el arbitrio de un déspota. Sr Gallardón, no me refiero a usted con su ley del aborto, no. No nos cabe duda de que nosotras las mujeres carecemos de sentido común y moral y, por ello, le damos las gracias por elegir por nosotras cuándo ser madres y cuándo no. ¡Qué haríamos sin la luz y espiritualidad que desprende su ideología tan llena de ética y valores!. Menos mal (o gracias a Dios, según se mire) lo tenemos a usted.
Es realmente satisfactorio respirar la plenitud que vive la democracia española actual, está en sus mejores años: joven, fuerte y vigorosa; la política es transparente y rinde cuentas de sus facturas, los jueces son imparciales y la ciudadanía ejerce sus derechos y los defiende.
Empezamos año estrenando kilos de más, dinero de menos y la misma realidad viciada maquillada con pinturas de agua en un malecón que deja a su paso sólo un borrón imperceptible propio de una obra pictórica moderna abstracta.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Agitación como el Alka-Seltzer.


Tan vacío como las botellas de alcohol el 1 de enero fue el mensaje que un Rey que parece ajeno a la realidad que vive su pueblo moribundo de esperanzas, fe y hambre nos regaló hace unas horas.
Palabras puestas al azar, con el mismo orden y concierto que utilizo para demostrar que las palabras tienen igual poder para construir que para demoler torres de humo disfrazadas de plenitud.
Ya no es cuestión de no creer en la política, en la ausencia de ética o la abundancia de corrupción de quienes mueven los hilos y nos mantienen en jaque y a punto del  suicidio; la cuestión se tambalea entre tú y yo, un rato eres tú la persona culpable y al otro rato la culpa es sólo mía. Somos solidarios/as por naturaleza, para la permanencia de la raza humana y por ello compartimos la culpa de la ineptitud.
A lo largo de los años hemos venido recabando información, datos, cifras, y hechos de lo que tenemos, somos y practicamos, de lo único que conservamos fehaciente prueba es de la preeminencia del amor: amor propio, amor familiar, amor fraternal y amor pasional. Por amor morimos, enloquecemos, matamos, sufrimos, lloramos, volamos y reímos a carcajadas. Sólo por amor levantamos muros y asolamos infiernos. Por amor escribimos y gritamos que la libertad es una realidad y no las leyes que remarcan el infortunio de las mujeres obligadas a ser madres en contra de su voluntad. ¿Qué mañana le espera a un niño o una niña que se ve inexcusablemente forzado/a a venir a un mundo con cada vez menos futuro?. Es como darle carne a una persona que no tiene dientes, igual de macabro y perverso.
Nos pintaron pajaritos en el aire y lo peor es que intentamos darles de comer.
Hagámonos libres por amor, por odio, por cobardía, por no dejar o por puro orgullo. Por el motivo que sea, pero libres.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Ceguera blanca.

Somos prisioneros/as. Estamos presos en medio del mal y del bien. Nos ponemos los grilletes a voluntad propia dejándonos al margen de nuestras propias decisiones, dejamos que otros/as decidan por nosotros/as, que apuesten por nosotros/as en la Ruleta para después perder nuestra dignidad, derechos, libertad, medicinas, educación, capacidad de decisión, fe y ganar otras cositas como apatía, pereza, desesperanza, rabia o indiferencia.
No supimos jugar nuestras cartas eligiendo a quien decide por nosotros/as, escogimos mal a nuestros/as representantes y como si fueran los/as dueños/as y señores/as de nuestra voluntad, venden y trafican con nuestro presente y nuestro futuro y porque el pasado no se puede cambiar… Que si no, también nos lo dibujaban diferente cambiando los titulares de las noticias que no les conviniera, como en 1984 de Orwell. En realidad no estamos tan lejos de tener “policías del pensamiento” que controlen nuestras ideas referidas al gobierno, a nuestros líderes y lideresas o, en la época actual, que censuren nuestros hashtag y impidan que nos manifestemos o hagamos fotos a la policía. ¿Impensable y locura sin medida, verdad?.
Estamos prisioneros/as en Azkaban y perdemos nuestras ilusiones, sueños y deseos al tirar de la cadena del WC. Abandonamos nuestra voluntad a su propia suerte dejándola huérfana y no nos da pena, no sentimos lástima de nosotros/as mismos/as al vernos vagar errantes por un suelo lleno de basura y mentiras, no salimos a la calle a limpiarlo; nos ponemos las botas de plástico para caminar más cómodamente en medio del fango. ¿Salir con una escoba y un recogedor para reciclar toda la porquería que recubre nuestro camino? ¡No, por Dios!.
Vivimos en nuestra propia cárcel, palpamos los fríos barrotes y gustamos el olor agrio de la orina acumulada y reseca, pero tenemos diagnosticado un síndrome de Estocolmo grave y crónico que nos impide coger la llave puesta deliberadamente a nuestro alcance.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Frenesí

Abrir los ojos y contemplar el sabor dulzón de los sueños cumplidos y los deseos satisfechos recogidos en sonrisas permanentes imposibles de desvanecer por el escandaloso e impertinente sol. Buscas pero no encuentras más recuerdos que los que se esculpen en la piel a golpe de besos como si de “Los amantes” de Rodin fuéramos discípulos; caricias nacidas de la concepción de la vida y el placer, de las ansias y las respiraciones entrecortadas que atraviesan el aire denso y brumoso, resultado de la ausencia de visión, fruto del enajenamiento de la consciencia y la conquista de poder del “yo”.
Texturas y movimientos ligeros que ralentizan la muerte y la ridiculizan obligándola a abandonar la neblina que recubre los cuerpos básicos y despojados de vocablos sustituidos por promesas que ascienden al techo como si de una señal de humo de reproche al tiempo y al espacio se tratara. Miradas que desarman voluntades incapacitadas para reaccionar ante tan absoluta belleza esparcida por el suelo, generosa y bondadosa, dotada de infinitos y presa de la pasión desbocada y sin jinete que se escapa de las pupilas encendidas por la luna con la sonrisa plagada de posibilidades.
Ni la muerte ni el tiempo juegan en esta partida de ajedrez que ya tiene los movimientos pactados por los hilos del destino que mira desde lejos sabiendo cuál es el desenlace, un final como los que sólo puede suceder en el cine.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Vaho

Coleccionamos sentimientos y situaciones que siempre serán nuestra tarea pendiente, como ese trabajo de fin de grado que sabemos que no vamos a presentar aunque nos cueste 4 largos años de carrera; tenemos y tendremos tendencias, gustos y placeres inconfesables que sólo gritamos en nuestro fuero interno y perpetramos en la soledad; somos mapas indescifrables y tatuajes incomprensibles en un terreno que rechaza nuestra tinta pero que en el que luchamos a toda costa para que el agua no disuelva; somos miedos, rumores, privilegios inmerecidos y karma buscado y bien pagado; somos esos copos de nieve que caen a destiempo y somos la mejor de las coincidencias o fruto del destino. Somos y seremos miles de sonrisas compactas en un CD marcado con las miles de lágrimas que también conforman nuestra B.S.O. Fuimos, somos y seremos…
Vale, hasta aquí.
Sabemos lo que somos, somos lo que queremos (o lo intentamos); fuimos en un pasado imborrable y fijo, marco de fotografía a blanco y negro con contexto capaz de devaluar nuestro presente haciéndolo intangible o por lo menos otorgando la seguridad de lo conocido, restando la sorpresa de los finales ya pactados por los errores y triunfos de nuestros mejores éxitos, como una compilación de los número 1 de los 40 Principales.
Qué inseguridad nos da no conocer, no planificar, ni ser conscientes de los pros y contras del futuro que tenemos a la vuelta de un “hasta mañana”; nos jugamos la vida en cada pestañeo, en cada escalera y en cada ducha. ¿Si muero mañana, me sentiré orgullosa/o de lo que hicimos hasta esta noche?. La vida se escapa de los pulmones mientras exhalamos la indignación pasiva de quienes dejamos que otros/as decidan por nosotros/as y que juegan en la Liga Mayor sin pasarnos el balón, como a los/as niños/as taciturnos/as y callados/as del final de la clase; se nos evapora mientras escuchamos en modo repetir nuestros “hits” para bailarlos al son de la coreografía de siempre, añeja y pasada de moda; cedemos nuestra custodia del mañana a la élite política que excarcela a violadores, terroristas y criminales (mientras les pagamos una pensión por desempleo, porque… Pobres! ¿Cómo si no van a continuar sus vidas felices y contentos/as?), que votan las nuevas pésimas reformas educativas sabiendo de antemano que van a ganar por mayoría… Ya ni los puntos suspensivos son capaces de recoger la ingente cantidad de basura que dejamos generar para el próximo fin de semana sin tener en cuenta que el hedor tapará nuestras fosas nasales y nos será imposible volver a cantar nuestro cómodo pasado. 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Saber es altamente peligroso.

Una y otra vez miramos al cielo en busca de una respuesta que venga envuelta en el suspiro que lanzamos a las nubes y que no nos devuelven más que una mirada de desidia e insignificancia. Una y otra vez buscamos respuestas en nuestra voz interior; buscamos salidas y soluciones a interrogantes que nos conmueven y escandalizan, que nos dejan en estado de hiperventilación e incredulidad. Buscamos una excusa mínimamente comprensible que nos enseñe el origen de tanta distopía.
Interpretamos mal las instrucciones de uso de la vida, se nos olvidó leer la letra pequeña y  aceptamos un contrato tácito basado en la ignorancia y la necesidad de quien debe recibir una dosis efectiva de instinto de supervivencia, pero sin que llegue a ser tóxica o letal, no vaya a ser que decidamos vivir a plenitud y con ganas y derroquemos a nuestros/as narcotraficantes de sus podios de control y poder.
Tenemos miedo a una sobredosis de Vida, de valentía y de revolución. Tenemos miedo, miedo a las guerras sin armas, miedo a los coches bomba, a los robos con arma blanca y a la burundanga; tenemos miedo a salir de nuestras casas a comernos el mundo a bocados. Tenemos miedo a encontrar las respuestas y que éstas denoten que no hay más culpables que nosotros/as mismos/as, que nuestra pusilanimidad y nuestra dejadez. Porque y ¿si las nubes a las que suspiramos buscando saber por qué nos cobrarán multas por manifestarnos, por qué cobrarán multas a las personas sin techo que pidan limosna o por qué la élite política roba y no va a la cárcel, arrojan que la culpa es nuestra por no luchar por nuestro Estado y nuestros derechos, qué haremos? ¿A dónde miraremos si obtenemos que las respuestas a nuestros porqués somos nosotros/as mismos/as? Tenemos miedo a saber la verdad, miedo a conocer, miedo a no ser ignorante, a saber que tenemos que recuperar lo que se nos ha quitado y nos da pereza empezar.

Desde cero

Dice la IA que hay que reinventarse, que sitios como Blogger son como un coche viejo y seguro, que te lleva de un lugar a otro pero sin GPS,...